*Wolff* es una obra fundamental dentro de la historieta británica de principios de los años setenta, consolidada como un referente del género de espada y brujería con tintes de horror gótico. Publicada originalmente de forma serializada en la revista *Lion* entre 1972 y 1974, la serie es el resultado de la colaboración entre el guionista Tom Tully y el dibujante argentino Francisco Solano López, cuya impronta visual define la identidad del relato.
La premisa de *Wolff* se sitúa en una versión anacrónica y pesadillesca de la Europa de la Edad Oscura. El protagonista, que da nombre a la serie, es un guerrero de aspecto rudo y melancólico cuya existencia se ve truncada cuando su esposa, Orla, es secuestrada por fuerzas de naturaleza sobrenatural. Este evento desencadena una búsqueda errante y desesperada que sirve como motor narrativo de toda la obra. A diferencia de otros héroes del género contemporáneos, como el Conan de Robert E. Howard, Wolff no busca gloria, tesoros ni reinos; su motivación es puramente personal y está teñida de una urgencia trágica que lo empuja a través de paisajes desolados y hostiles.
El mundo que recorre Wolff está lejos de ser la fantasía heroica tradicional. Tully y Solano López construyen un entorno donde lo cotidiano y lo macabro se entrelazan. El protagonista no solo debe enfrentarse a soldados o bandidos, sino a una galería de horrores que incluyen no-muertos, entidades demoníacas, brujos ancestrales y criaturas que parecen extraídas de las peores pesadillas del folclore europeo. La narrativa se estructura en arcos cortos pero intensos, donde el peligro es constante y la atmósfera de desesperanza impregna cada página.
El apartado gráfico de Francisco Solano López es, sin duda, el pilar que eleva a *Wolff* por encima de otras publicaciones de su época. El artista, ya consagrado por su trabajo en *El Eternauta*, aplica aquí un estilo de claroscuro magistral. Su uso de las sombras no es meramente estético, sino narrativo: sirve para ocultar las amenazas y para enfatizar la soledad del héroe. El dibujo de Solano López se caracteriza por un realismo sucio y detallado; los rostros de los personajes reflejan el cansancio y el miedo, y las texturas de las armaduras, el barro y la piedra están representadas con una minuciosidad que otorga a la obra una fisicidad tangible. Su capacidad para diseñar monstruos grotescos y escenarios opresivos —castillos en ruinas, pantanos neblinosos y bosques impenetrables— es clave para sumergir al lector en este mundo crepuscular.
Desde el punto de vista del guion, Tom Tully opta por un tono seco y directo. Los diálogos son parcos, permitiendo que la acción y la atmósfera visual lleven el peso de la historia. La estructura episódica propia de las revistas semanales británicas obliga a un ritmo frenético, donde cada entrega debe ofrecer un clímax o un giro que mantenga el interés, pero Tully logra mantener una coherencia temática a lo largo de la odisea de Wolff. La búsqueda de Orla funciona como un hilo conductor que permite explorar diferentes facetas del horror, desde el terror psicológico hasta el gore más explícito permitido por la censura de la época.
En resumen, *Wolff* es un cómic que destaca por su crudeza y su estética sombría. Es una obra que se aleja de la épica luminosa para adentrarse en los rincones más oscuros de la fantasía. La combinación del guion implacable de Tully con el arte atmosférico y visceral de Solano López convierte a esta serie en una pieza de culto, esencial para entender la evolución del cómic de aventuras hacia terrenos más adultos y perturbadores durante la década de los setenta. Su importancia radica no solo en su calidad intrínseca, sino en cómo prefiguró el tono de muchas obras de fantasía oscura que llegarían años después.