Winterworld: La Flota Congelada representa la expansión de uno de los universos más implacables y visualmente distintivos del cómic de supervivencia postapocalíptico. Escrita por el veterano Chuck Dixon, quien retoma la creación que inició junto al legendario Jorge Zaffino en los años 80, esta entrega profundiza en la mitología de un mundo donde el calentamiento global es un recuerdo irónico y la Tierra se ha convertido en un desierto de hielo absoluto. La premisa es tan sencilla como aterradora: los océanos se han congelado, la tecnología ha retrocedido a niveles rudimentarios y la moralidad humana se ha enfriado al mismo ritmo que el planeta.
La narrativa sigue los pasos de Scully, un comerciante nómada endurecido por la necesidad, y Wynn, una joven cuya inocencia actúa como el único contrapunto de humanidad en un entorno hostil. En este arco argumental, ambos continúan su peligroso viaje a través de las llanuras blancas, pero lo que comienza como una travesía de rutina por la supervivencia se transforma en un encuentro con una de las estructuras sociales más extrañas y peligrosas de este nuevo mundo: la Flota Congelada.
El concepto central de este volumen es visualmente impactante y narrativamente rico. Scully y Wynn se topan con un cementerio de barcos de proporciones colosales. Lo que antes eran orgullosos buques de guerra, cargueros y cruceros, ahora son esqueletos de acero atrapados en un mar de hielo sólido, kilómetros por encima de lo que solía ser el lecho marino. Sin embargo, estos barcos no están desiertos. La Flota Congelada se ha convertido en una ciudad improvisada, un enclave de civilización distorsionada donde la ley del más fuerte se aplica con una precisión quirúrgica.
Dixon utiliza este escenario para explorar la política de la escasez. En la Flota, el control de los recursos —combustible, piezas de repuesto y, sobre todo, calor— determina quién vive y quién muere. Los protagonistas se ven envueltos en las intrigas de esta sociedad flotante (pero estática), enfrentándose a líderes carismáticos pero despiadados que han convertido los restos del antiguo mundo naval en un feudo personal. La tensión no proviene solo del frío extremo, sino de la claustrofobia de los pasillos metálicos y la constante amenaza de traición por parte de aquellos que ven en Scully y Wynn una oportunidad de beneficio.
En el apartado artístico, Butch Guice asume la difícil tarea de suceder el estilo sombrío y cargado de sombras de Zaffino. Guice logra mantener la atmósfera opresiva, utilizando un trazo detallado que resalta la textura del metal oxidado y la blancura cegadora del exterior. Su diseño de la Flota es magistral; logra transmitir la escala masiva de los barcos atrapados, creando una sensación de asombro que rápidamente se convierte en pavor. El contraste entre los espacios abiertos del páramo helado y los interiores angostos de los barcos refuerza la sensación de peligro constante.
"La Flota Congelada" no es solo una historia de acción; es un examen de la resiliencia. A través de los ojos de Scully, vemos el cinismo necesario para sobrevivir, mientras que Wynn representa la posibilidad de un futuro que no esté basado únicamente en el saqueo. La dinámica entre ambos se pone a prueba cuando se enfrentan a una sociedad que ha institucionalizado la crueldad para mantener el orden en el caos blanco.
Sin recurrir a elementos fantásticos o mutaciones innecesarias, el cómic se mantiene firme en el realismo sucio. El enemigo es el clima, el hambre y, fundamentalmente, otros seres humanos llevados al límite. Esta obra es esencial para entender la evolución de *Winterworld*, consolidándola como una saga donde el entorno es un personaje más, uno que no perdona errores y que convierte cada decisión en una cuestión de vida o muerte. Es una lectura cruda, directa y despojada de cualquier optimismo superficial, fiel a la esencia del género de supervivencia más puro.