*Willow Creek*, escrita por Dwight L. MacPherson e ilustrada por Josh Howard, es una obra que se sumerge en las profundidades del horror rural y la criptozoología, utilizando como telón de fondo uno de los mitos más persistentes de la cultura popular estadounidense: Bigfoot. Publicada originalmente por Image Comics, esta miniserie logra distanciarse de las narrativas convencionales de monstruos para ofrecer un thriller sobrenatural que prioriza la atmósfera y el desarrollo de personajes sobre el simple impacto visual.
La trama sigue a Jeff Richardson, un hombre marcado por un pasado traumático y una carrera policial que terminó en desgracia. Buscando una oportunidad para reconstruir su vida y escapar de los demonios que lo persiguen, Jeff acepta un puesto como ayudante del sheriff en Willow Creek, California. Para el mundo exterior, este pequeño pueblo es famoso por ser el lugar donde se filmó la icónica película de Patterson-Gimlin en 1967, convirtiéndose en una suerte de meca para los entusiastas de lo paranormal y los turistas curiosos. Sin embargo, para los habitantes locales, la leyenda de "Pie Grande" es algo que oscila entre una herramienta de marketing necesaria y una presencia inquietante que prefieren no cuestionar demasiado.
Lo que Jeff espera que sea un retiro tranquilo en las montañas pronto se transforma en una pesadilla procedimental. Poco después de su llegada, una serie de asesinatos brutales comienza a sacudir la comunidad. Los cuerpos son hallados con un nivel de violencia que desafía la lógica de un ataque animal convencional, pero que tampoco parece encajar con el modus operandi de un asesino humano común. A medida que Jeff se involucra en la investigación, se encuentra con un muro de silencio y sospecha. El pueblo de Willow Creek guarda secretos que van mucho más allá de una simple criatura en el bosque; hay una interconexión entre la historia de la localidad, sus fundadores y las desapariciones que han ocurrido durante décadas.
El guion de MacPherson destaca por su capacidad para construir una tensión creciente. No se apresura en mostrar a la criatura, sino que utiliza el entorno boscoso y la claustrofobia de la pequeña ciudad para generar una sensación de vulnerabilidad constante. La narrativa explora la dualidad entre la realidad y el mito, cuestionando si lo que acecha en la maleza es un eslabón perdido biológico o algo mucho más antiguo y malévolo. Jeff, como protagonista, funciona como el ancla racional del lector, un escéptico por necesidad que se ve obligado a enfrentarse a lo imposible mientras lucha con su propia inestabilidad emocional.
En el apartado visual, el trabajo de Josh Howard es fundamental para definir la identidad del cómic. Conocido por su estilo estilizado y de líneas limpias en obras como *Dead@17*, Howard adapta su estética para encajar en un tono más oscuro y maduro. Su diseño de personajes es expresivo, lo que permite transmitir el aislamiento y el miedo de los residentes sin necesidad de diálogos extensos. El uso de las sombras y la representación del denso bosque californiano crean una atmósfera opresiva donde el peligro parece estar siempre a un paso de la luz de la linterna. El contraste entre su estilo, que a veces puede parecer "cartoonish", y la crudeza de las escenas de los crímenes, genera un efecto de extrañeza que refuerza el horror de la historia.
*Willow Creek* no es solo una historia sobre la caza de un monstruo; es un estudio sobre el trauma, la redención y la oscuridad que se esconde bajo la superficie de la normalidad estadounidense. La obra evita los tropos más desgastados del género para entregar una narrativa que se siente tanto un homenaje a los clásicos del terror de los años 70 como una pieza moderna de suspenso. Es una lectura esencial para quienes buscan una historia donde el misterio es tan denso como la niebla que cubre los pinos de California, y donde la verdad es mucho más aterradora que cualquier leyenda urbana.