*Wendy*, la creación del artista canadiense Walter Scott, representa una de las sátiras más agudas y honestas de la última década en el medio del cómic independiente. Lo que comenzó como un fanzine autopublicado evolucionó hasta convertirse en una serie de novelas gráficas que capturan el espíritu de una generación atrapada entre la ambición creativa y la precariedad existencial. La obra se centra en su protagonista homónima, una joven artista que navega por las turbulentas aguas del mundo del arte contemporáneo, un ecosistema poblado por egos inflados, jerga académica impenetrable y una búsqueda constante de validación externa.
La premisa de *Wendy* es engañosamente simple: seguimos a la protagonista en su día a día mientras intenta equilibrar su deseo de ser una artista respetada con una vida personal marcada por la inseguridad, el exceso y la procrastinación. Sin embargo, bajo esta superficie de comedia de costumbres, Scott construye un retrato psicológico profundo. Wendy no es una heroína convencional; es a menudo su propia peor enemiga, saboteando sus oportunidades mediante el consumo impulsivo de alcohol, relaciones interpersonales erráticas y una incapacidad crónica para enfrentarse al vacío de la creación.
El escenario principal suele ser el circuito de galerías y espacios autogestionados de Montreal, aunque la narrativa se expande a residencias artísticas internacionales y entornos académicos de élite. En estos espacios, Scott despliega su arsenal satírico. El autor disecciona con precisión las dinámicas de poder que rigen el arte: desde el curador pretencioso que utiliza conceptos vacíos para justificar obras mediocres