We Stand on Guard es una miniserie de seis números publicada por Image Comics, fruto de la colaboración entre dos pesos pesados de la industria: el guionista Brian K. Vaughan (*Saga*, *Y: El último hombre*) y el dibujante Steve Skroce (*Maestros*, artista de storyboards de *The Matrix*). La obra se presenta como un ejercicio de política ficción y ciencia ficción militarista que explora una premisa tan provocadora como inquietante: una invasión a gran escala de Canadá por parte de los Estados Unidos de América.
La historia se sitúa aproximadamente cien años en el futuro, en el año 2112. El relato arranca con un prólogo devastador en el que la ciudad de Ottawa es bombardeada por fuerzas estadounidenses tras un misterioso ataque con misiles contra la Casa Blanca, del cual Washington culpa al gobierno canadiense. Tras este evento traumático, la narrativa salta doce años hacia adelante para mostrarnos un Canadá ocupado y asediado. La protagonista es Amber, una joven que quedó huérfana durante el bombardeo inicial y que ha sobrevivido en las tierras salvajes del norte, endurecida por la pérdida y la necesidad de subsistencia.
El núcleo de la trama se desarrolla cuando Amber se encuentra con los "Two-Four" (Dos-Cuatro), un grupo de combatientes de la resistencia canadiense. Este comando de guerrilleros utiliza tácticas de guerra asimétrica para enfrentarse a la superioridad tecnológica abrumadora del ejército invasor. A través de este grupo, Vaughan disecciona las dinámicas de la insurgencia y el nacionalismo, planteando preguntas incómodas sobre la soberanía y los límites de la defensa propia.
El conflicto central de la obra no es solo ideológico o territorial, sino fundamentalmente logístico y ecológico. En el futuro de *We Stand on Guard*, el recurso más valioso del planeta no es el petróleo ni los minerales raros, sino el agua dulce. Canadá, poseedora de las mayores reservas del mundo, se convierte en el objetivo estratégico de una superpotencia estadounidense sedienta y desesperada. Este trasfondo dota a la obra de una relevancia contemporánea, transformando una fantasía de invasión en una advertencia sobre la crisis climática y la geopolítica de los recursos.
Visualmente, el cómic es un despliegue de maestría técnica. Steve Skroce, conocido por su nivel de detalle obsesivo, crea un contraste fascinante entre la belleza gélida y natural de los paisajes canadienses y la brutalidad mecánica de la ocupación. El diseño de los "sentinels" —gigantescos mechas y drones de combate estadounidenses— es imponente y aterrador, subrayando la disparidad de fuerzas entre ambos bandos. La violencia en la obra es cruda y visceral, reflejando el tono serio y sin concesiones del guion de Vaughan.
Uno de los aspectos más destacados de la narrativa es cómo subvierte la iconografía tradicional del héroe estadounidense. En esta historia, los Estados Unidos asumen el rol de la fuerza imperialista opresora, utilizando una retórica de "liberación" y "seguridad nacional" para justificar la anexión de su vecino del norte. Por el contrario, los canadienses son retratados no como víctimas pasivas, sino como figuras complejas que deben decidir hasta dónde están dispuestos a llegar para recuperar su libertad, rozando en ocasiones la línea entre el heroísmo y el terrorismo.
En resumen, *We Stand on Guard* es una obra compacta y directa que utiliza el género de la ciencia ficción para realizar una crítica mordaz a la política exterior y al excepcionalismo. Con un ritmo cinematográfico y un apartado artístico sobresaliente, Vaughan y Skroce logran construir un relato de supervivencia y resistencia que resuena mucho más allá de sus fronteras ficticias, consolidándose como una pieza imprescindible para entender la evolución del cómic independiente contemporáneo. La obra evita los maniqueísmos fáciles y prefiere centrarse en el coste humano de la guerra y en la fragilidad de la paz entre naciones supuestamente hermanas.