Warship Jolly Roger, escrita por Sylvain Runberg e ilustrada por Miki Montlló, se posiciona como una de las propuestas más sólidas y visualmente impactantes de la ciencia ficción europea contemporánea. Esta epopeya de *space opera* huye de los idealismos habituales del género para sumergirse en una narrativa cruda, política y profundamente cínica sobre la guerra, la redención y la supervivencia en un universo hostil.
La trama se sitúa en un futuro donde la Confederación de los Planetas Unidos ejerce un control férreo y, a menudo, despiadado sobre las colonias espaciales. El eje central de la historia es Jon T. Munro, un antiguo general de la Confederación que ha pasado de ser un héroe de guerra condecorado a convertirse en el criminal más odiado de la galaxia. Condenado por crímenes de guerra tras una masacre planetaria que él mismo ordenó (o que le obligaron a ejecutar), Munro languidece en una prisión de máxima seguridad hasta que un audaz plan de fuga lo devuelve a la libertad, aunque sea como el fugitivo más buscado del sistema.
Sin embargo, Munro no escapa solo. Lo acompañan tres individuos que representan los estratos más bajos y desesperados de la sociedad galáctica: Alisa, una joven con un pasado traumático; Kowalski, un tipo duro de pocas palabras; y un joven cuya inocencia parece fuera de lugar en semejante grupo. Juntos, este cuarteto de proscritos logra lo impensable: hacerse con el control de la "Jolly Roger", una nave de guerra prototipo de última generación, equipada con una potencia de fuego devastadora y una tecnología de sigilo que la hace prácticamente invisible para los radares de la Confederación.
A partir de este punto, la obra se aleja de la estructura clásica de "banda de héroes" para explorar una dinámica mucho más compleja. Los protagonistas no son amigos, ni comparten un objetivo noble común más allá de mantenerse con vida. La relación entre ellos está marcada por la desconfianza, el resentimiento y la necesidad pragmática. Munro, un líder nato pero moralmente roto, debe dirigir a este grupo heterogéneo mientras lidia con su propio pasado y con la sombra de sus decisiones militares.
El guion de Sylvain Runberg destaca por su capacidad para entrelazar la acción frenética con una crítica mordaz a las estructuras de poder. La Confederación no es presentada simplemente como un imperio malvado de caricatura, sino como una entidad política compleja, plagada de burocracia, corrupción y propaganda, dispuesta a sacrificar sectores enteros de la población para mantener el orden y el control de los recursos. La "Jolly Roger" se convierte así en un símbolo de resistencia, pero una resistencia manchada de sangre y ambigüedad moral.
Visualmente, el trabajo de Miki Montlló es extraordinario y define la identidad del cómic. Con un estilo que bebe tanto de la tradición del BD francés como de la estética del cine de animación moderno, Montlló logra dotar a la obra de una expresividad y un dinamismo asombrosos. El diseño de la tecnología, las naves y los diversos entornos planetarios es detallado y coherente, creando una atmósfera inmersiva. El uso del color es especialmente reseñable, utilizando paletas vibrantes que contrastan con la oscuridad temática de la historia, logrando que cada batalla espacial y cada diálogo en los pasillos de la nave tengan un impacto visual cinematográfico.
En resumen, Warship Jolly Roger es una obra que desafía las convenciones del género. No busca ofrecer respuestas fáciles ni héroes impecables. Es una historia sobre las consecuencias de la violencia, el peso de la culpa y la búsqueda de un lugar en un universo que no perdona los errores del pasado. A través de sus cuatro volúmenes, la serie construye un relato tenso y visualmente deslumbrante que mantiene al lector cuestionando constantemente quiénes son los verdaderos villanos en una guerra donde la ética es el primer recurso que se agota. Es una lectura imprescindible para los amantes de la ciencia ficción adulta que buscan profundidad narrativa sin renunciar al espectáculo visual.