El cómic 'Waldemar Daninsky' representa la traslación definitiva al noveno arte de uno de los iconos más importantes del cine de terror europeo: el hombre lobo español creado y encarnado originalmente por Paul Naschy (Jacinto Molina). Esta obra, desarrollada principalmente bajo la visión artística y narrativa del ilustrador Javier Trujillo, no es solo una adaptación de una película concreta, sino una expansión del mito que busca capturar la esencia del "Fantaterror" español, dotándolo de una dimensión visual que el presupuesto cinematográfico de los años 70 rara vez podía alcanzar.
La narrativa se centra en la figura de Waldemar Daninsky, un noble de origen polaco cuya vida queda marcada por una tragedia ancestral y una maldición irreversible. El cómic explora la dualidad del personaje: por un lado, el hombre culto, atormentado y de principios éticos sólidos; por otro, la bestia irracional y sanguinaria en la que se convierte bajo el influjo de la luna llena. A diferencia de otras versiones del mito del licántropo, el Daninsky de Trujillo mantiene la herencia de Naschy, presentándolo como un héroe trágico, una víctima de las circunstancias que busca desesperadamente una redención o un final definitivo para su sufrimiento, mientras se enfrenta a fuerzas oscuras que van más allá de su propia condición.
El guion se estructura respetando los tropos clásicos del género gótico. La historia nos transporta a escenarios lúgubres, desde bosques centroeuropeos envueltos en una niebla perpetua hasta castillos en ruinas y criptas olvidadas. La trama evita los giros innecesarios para centrarse en la atmósfera y en el conflicto interno del protagonista. El lector acompaña a Waldemar en un periplo donde la violencia es cruda y explícita, pero siempre justificada por la naturaleza salvaje de la maldición. No se trata de un cómic de acción convencional, sino de un relato de horror atmosférico donde el suspense y la fatalidad juegan un papel predominante.
El apartado visual es, sin duda, el pilar fundamental de esta obra. Javier Trujillo emplea un estilo pictórico realista que se aleja del entintado tradicional del cómic de superhéroes o del *underground*. Cada viñeta está tratada como una unidad artística independiente, con un uso magistral del claroscuro que rinde homenaje a la fotografía de las películas originales de la productora Profilmes o de la saga de la Hammer. La paleta de colores es deliberadamente sobria, dominada por tonos terrosos, grises y rojos intensos que resaltan la visceralidad de las transformaciones y los encuentros violentos. El diseño de la bestia es imponente, respetando el maquillaje icónico de Naschy pero dotándolo de una musculatura y una ferocidad que solo el dibujo permite exagerar con elegancia.
La composición de las páginas es dinámica pero ordenada, permitiendo que la narrativa fluya sin interrupciones, dando prioridad a la expresividad de los rostros y a la majestuosidad de los paisajes. Trujillo logra capturar las facciones de Paul Naschy con una precisión asombrosa, convirtiendo el cómic en un tributo póstumo que mantiene viva la imagen del actor para las nuevas generaciones. La obra prescinde de florituras experimentales para centrarse en una narrativa secuencial sólida que potencia el horror clásico.
En resumen, el cómic de 'Waldemar Daninsky' es una pieza esencial para entender la evolución del terror en España. Es una obra que respeta profundamente sus raíces cinematográficas pero que aprovecha las herramientas exclusivas del medio gráfico para profundizar en la psicología del licántropo. Sin necesidad de recurrir a *spoilers* sobre sus enfrentamientos o desenlaces, se puede afirmar que es un estudio sobre la maldición, la soledad y la lucha eterna entre la humanidad y el instinto animal, envuelto en una estética gótica impecable que satisface tanto al coleccionista de cómics como al aficionado al cine de género. Es, en esencia, el regreso del hombre lobo a un escenario donde las sombras son más profundas que nunca.