Volver a Paris

Volver a París, con guion de Oscar Pantoja e ilustraciones de Esteban París, es una novela gráfica que se aleja de la hagiografía convencional para adentrarse en las vísceras de la creación literaria y la supervivencia personal. La obra se sitúa en un momento crítico y fundacional de la historia de la literatura hispanoamericana: la estancia de un joven Gabriel García Márquez en la capital francesa a mediados de la década de 1950. Lejos de la imagen del autor consagrado y laureado, este cómic nos presenta al "Gabo" periodista, al hombre que padece el rigor del invierno europeo y la incertidumbre del exilio económico y político.

La narrativa arranca en 1955, cuando García Márquez llega a París como corresponsal del diario *El Espectador*. Sin embargo, el eje dramático se desplaza rápidamente hacia el conflicto cuando el gobierno dictatorial de Gustavo Rojas Pinilla clausura el periódico en Colombia, dejando al protagonista varado en una ciudad que, si bien es el epicentro cultural del mundo, se muestra indiferente y gélida ante su precaria situación. A partir de este punto, la obra se convierte en un estudio sobre la resistencia. El lector acompaña a Gabo en su refugio del Hotel de Flandre, en el Barrio Latino, un espacio que el dibujo de Esteban París logra transformar en un escenario casi claustrofóbico pero lleno de mística literaria.

El guion de Pantoja no busca enumerar hitos biográficos de forma enciclopédica. En su lugar, se centra en el proceso de gestación de una de las obras maestras del autor: *El coronel no tiene quien le escriba*. El cómic establece un paralelismo magistral entre la realidad del escritor —que espera un giro de la fortuna o un cheque que nunca llega— y la ficción que está construyendo sobre ese coronel que espera una pensión eterna. Esta dualidad entre el creador y su criatura es el motor que impulsa la narrativa visual, permitiendo al lector entender que la literatura de García Márquez no nació del realismo mágico por generación espontánea, sino de la observación cruda de la miseria, la soledad y la dignidad humana.

Desde el punto de vista técnico y artístico, Volver a París destaca por su manejo de la atmósfera. Esteban París utiliza una paleta de colores y un trazo que evocan la melancolía de la época. El uso de las sombras y la composición de las viñetas refuerzan la sensación de aislamiento. La ciudad de París no es aquí la "Ciudad de la Luz" de las postales, sino un laberinto de calles grises, cafés llenos de humo y buhardillas donde el frío se siente a través del papel. El dibujo logra capturar la gestualidad de un Gabo joven, cuya mirada oscila entre la desesperación y la determinación absoluta de no abandonar su oficio.

La obra también explora el ecosistema de los exiliados latinoamericanos en Europa. A través de encuentros fortuitos y diálogos precisos, el cómic retrata una generación de intelectuales que, mientras intentaban descifrar su propia identidad en el viejo continente, estaban sentando las bases de lo que años más tarde se conocería como el "Boom". Sin embargo, el enfoque permanece íntimo; es la historia de un hombre que recolecta botellas vacías para poder comer, pero que se niega a vender su máquina de escribir.

En conclusión, Volver a París es una pieza esencial dentro de la narrativa gráfica contemporánea en español. Logra desmitificar la figura del genio para mostrarnos al artesano de las palabras. Es un cómic sobre el hambre, no solo física, sino de trascendencia. Para el lector experto, la obra funciona como un ensayo visual sobre la persistencia; para el neófito, es una puerta de entrada humana y conmovedora al universo de un autor que, antes de inventar Macondo, tuvo que aprender a sobrevivir en las calles de París. La novela gráfica se cierra como un círculo perfecto, recordándonos que, a veces, para encontrar la propia voz, es necesario perderse en la soledad de una ciudad extraña.

Deja un comentario