Viajero

Viajero, la obra gestada por la dupla creativa compuesta por el guionista Ricardo Barreiro y el ilustrador Juan Giménez, representa uno de los hitos más sofisticados de la historieta de ciencia ficción de finales de los años 80. Publicada originalmente por entregas en revistas de culto como *Skorpio* y *L'Eternauta*, esta obra se aleja de las convenciones del género de aventuras espaciales para adentrarse en un terreno metafísico y existencialista, consolidando la madurez narrativa de sus autores.

La premisa de la obra sitúa al lector frente a un protagonista anónimo, conocido simplemente como el Viajero. Este personaje no recorre distancias físicas en el sentido tradicional, sino que transita a través de diferentes planos de la realidad, dimensiones paralelas y tiempos fragmentados. La narrativa se estructura de forma episódica, donde cada capítulo funciona como una ventana a un mundo distinto, con sus propias leyes físicas, sociales y biológicas. Sin embargo, existe un hilo conductor inquebrantable: la búsqueda de un destino incierto y la sensación de desarraigo absoluto que acompaña al protagonista en su periplo infinito.

El guion de Ricardo Barreiro destaca por su capacidad para construir universos complejos en apenas unas pocas páginas. A diferencia de otras obras del autor, donde la acción y la crítica política son más directas, en *Viajero* predomina una atmósfera de melancolía y extrañeza. El protagonista es un observador, a menudo involuntario, de la decadencia de civilizaciones, de guerras absurdas y de fenómenos cósmicos que escapan a la comprensión humana. La escritura de Barreiro evita las explicaciones excesivas, permitiendo que el misterio sobre el origen del Viajero y la naturaleza de su "don" (o maldición) mantenga la tensión narrativa durante todo el relato.

En el apartado visual, Juan Giménez despliega toda la maestría técnica que lo convirtió en un referente mundial. Su estilo, caracterizado por un realismo hiperdetallado y una capacidad asombrosa para el diseño de maquinaria orgánica y tecnológica, encuentra en *Viajero* el lienzo perfecto. Giménez no solo dibuja escenarios; construye atmósferas. El uso de las sombras, la textura de los metales oxidados y la expresividad de los rostros cansados del protagonista refuerzan la carga dramática del guion. Cada mundo visitado por el Viajero posee una identidad visual única, desde desiertos post-apocalípticos hasta ciudades flotantes de una arquitectura imposible, demostrando la inagotable imaginación del artista mendocino.

Uno de los puntos más fuertes del cómic es el tratamiento del tiempo y la soledad. El Viajero es un paria dimensional, alguien que pertenece a todas partes y a ninguna. Esta condición le permite a los autores explorar temas profundos como la futilidad del esfuerzo humano frente a la inmensidad del cosmos y la repetición de los errores históricos. A pesar de la tecnología avanzada y los entornos fantásticos, la obra se siente profundamente humana, anclada en la angustia de un hombre que solo desea encontrar un lugar al cual llamar hogar, mientras la realidad se deshace a su paso.

La narrativa visual de Giménez, apoyada en una composición de página dinámica pero legible, guía al lector a través de transiciones espaciales que, en manos de un artista menos dotado, resultarían confusas. El color (en las versiones que lo incluyen) o el uso magistral del claroscuro en el blanco y negro original, acentúan la sensación de aislamiento. El diseño del protagonista, con su atuendo funcional y su mirada desgastada, se ha convertido en un icono del género, representando al héroe cansado que no busca la gloria, sino la comprensión de su propia existencia.

En conclusión, *Viajero* es una pieza fundamental para entender la evolución del cómic de autor en el ámbito hispanohablante y europeo. Es una obra que exige una lectura atenta, donde el arte y el guion se fusionan para crear una experiencia inmersiva. No es solo una historia sobre viajes entre dimensiones; es una reflexión sobre la condición de extranjero permanente y la búsqueda de sentido en un universo vasto, indiferente y, a menudo, cruel. Para cualquier estudioso o aficionado al noveno arte, este título es una referencia obligatoria que demuestra que la ciencia ficción puede ser el vehículo perfecto para la exploración filosófica más rigurosa.

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