La revista Vampus representa uno de los hitos más significativos en la historia del noveno arte en España, marcando el inicio de la edad de oro del cómic de terror adulto en el país. Publicada por primera vez en 1971 por la editorial Ibero Mundial de Ediciones, esta cabecera no solo fue una respuesta a la creciente demanda de contenidos más sofisticados y oscuros, sino que sirvió como el vehículo principal para introducir el material de la legendaria editorial estadounidense Warren Publishing en el mercado hispanohablante.
El eje central de la publicación es su anfitrión homónimo, Vampus. Siguiendo la tradición de figuras como el Guardián de la Cripta o el Tío Creepy, Vampus es un personaje macabro, un sepulturero de aspecto decrépito y humor corrosivo que actúa como maestro de ceremonias. Su función es romper la cuarta pared, dirigiéndose directamente al lector —a quien suele apodar "querido invitado" o términos similares de corte fúnebre— para presentar las diferentes historietas que componen cada número. Este recurso narrativo no solo otorgaba cohesión a la antología, sino que establecía un tono de complicidad cínica que definía la identidad de la revista.
Desde un punto de vista técnico y artístico, *Vampus* se distinguió por una calidad gráfica excepcional. Aunque inicialmente se nutrió de las traducciones de las revistas americanas *Creepy* y *Eerie*, pronto se convirtió en un escaparate para los autores de la agencia Selecciones Ilustradas. Esto permitió que lectores españoles disfrutaran del trabajo de artistas que estaban revolucionando el mercado internacional, como Sanjulián, cuyas portadas al óleo son consideradas obras maestras de la ilustración fantástica, o dibujantes de la talla de José González, Luis García, Enric Sió, Auraleón y Josep María Beà.
El contenido de *Vampus* se estructuraba en relatos cortos, autoconclusivos, que exploraban diversas vertientes del género fantástico. Si bien el terror gótico clásico (vampiros, hombres lobo y fantasmas) estaba presente, la revista destacaba por su incursión en el terror psicológico, la ciencia ficción distópica y el suspense con finales de impacto o "twist endings". Estas historias se caracterizaban por un uso magistral del blanco y negro, donde el claroscuro y el tramado manual creaban atmósferas opresivas y detalladas que difícilmente habrían funcionado igual de bien a color. El dibujo académico y realista de los autores españoles aportaba una verosimilitud que intensificaba la crudeza de los guiones.
Históricamente, la aparición de *Vampus* supuso un desafío a las estructuras editoriales de la época en España. En un contexto donde el cómic todavía era percibido mayoritariamente como un producto infantil, esta revista se atrevió a ofrecer contenidos con una carga de violencia estética y erotismo velado mucho más explícita, aprovechando las grietas de la censura de los últimos años del franquismo. Fue la punta de lanza que permitió el posterior éxito de otras publicaciones hermanas como *Rufus* o *Dossier Negro*, consolidando el formato de revista de antología para adultos.
En resumen, *Vampus* no es solo una recopilación de cuentos de miedo; es un catálogo del virtuosismo técnico de una generación de autores que dominaron la narrativa visual de los años 70. Su lectura ofrece una visión panorámica de la evolución del terror, desde las influencias de la literatura de Poe o Lovecraft hasta las inquietudes existenciales de la era moderna, todo ello bajo la mirada burlona de un anfitrión que se convirtió en un icono imperecedero del quiosco español. La revista logró elevar el género del horror a una categoría artística superior, demostrando que el miedo, cuando está bien dibujado, es una de las formas más puras de entretenimiento visual.