Vampir, la obra de Joann Sfar, representa uno de los pilares fundamentales de la "Nouvelle Bande Dessinée" francesa. Bajo el título o ciclo temático que explora la relación entre el protagonista y sus cuitas sentimentales —a menudo englobado en ediciones integrales como las de Fulgencio Pimentel en España—, nos encontramos ante una de las exploraciones más lúcidas, melancólicas y humorísticas sobre la condición humana, paradójicamente narrada a través de un elenco de monstruos clásicos.
El protagonista absoluto es Fernand, un vampiro que reside en la Lituania contemporánea (específicamente en Vilna). Lejos de la figura del depredador aristocrático y letal popularizada por Bram Stoker o la Hammer, Fernand es un personaje profundamente sensible, neurótico y, por encima de todo, un romántico empedernido. Su mayor conflicto no es la sed de sangre —la cual gestiona con una ética casi cotidiana—, sino su incapacidad para encontrar una estabilidad emocional y un amor correspondido que dé sentido a su inmortalidad.
La narrativa se estructura en torno a los encuentros y desencuentros de Fernand con una galería de personajes secundarios que enriquecen este universo gótico-costumbrista. Entre ellos destaca Liou, una joven con la que mantiene una relación intermitente y compleja que sirve de motor para gran parte de las reflexiones del cómic. También encontramos a Michel, un golem que actúa como su mejor amigo y confidente, aportando una perspectiva pragmática y a veces brutal frente al idealismo de Fernand. El reparto se completa con brujas, hombres lobo y otras criaturas que, lejos de habitar en castillos tenebrosos, lidian con problemas tan mundanos como el alquiler, la soledad o el aburrimiento.
El eje central de 'Vampir' es la exploración del amor y el deseo. Sfar utiliza la figura del vampiro para hablar de la memoria y del peso del pasado. Para Fernand, ser inmortal significa acumular rupturas, recuerdos y una nostalgia crónica. El autor plantea una pregunta constante: ¿cómo se gestiona el afecto cuando el tiempo no es un límite, pero la psicología propia sigue siendo tan frágil como la de un mortal? La obra huye de los tropos del terror para instalarse en la comedia de enredo y el drama existencialista, donde los colmillos son solo un accesorio estético frente a la verdadera vulnerabilidad del corazón.
Visualmente, el cómic es una exhibición del estilo distintivo de Joann Sfar. Su dibujo es nervioso, aparentemente descuidado pero dotado de una expresividad y un dinamismo extraordinarios. Sfar no busca la perfección anatómica ni la limpieza de la línea clara; prefiere un trazo orgánico que transmite la urgencia de la narración y la humanidad de sus personajes. El uso del color y la composición de las viñetas refuerzan esa atmósfera de cuento de hadas moderno, donde lo fantástico se entrelaza con lo cotidiano de forma naturalista.
La importancia de esta obra reside en su capacidad para subvertir el género. Sfar despoja al monstruo de su otredad aterradora para convertirlo en un espejo del lector. Las peripecias de Fernand en busca de "L'Amour" son, en esencia, una crónica sobre la búsqueda de identidad y la aceptación de la propia imperfección. Es un cómic que se lee como un diario íntimo, lleno de digresiones filosóficas, diálogos brillantes y una ternura que desarma cualquier prejuicio sobre el género de terror.
En resumen, 'Vampir' es una obra río sobre la madurez emocional. A través de sus páginas, asistimos a la evolución de un protagonista que, a pesar de su naturaleza estática como no-muerto, no deja de cambiar, de sufrir y de aprender (o desaprender) sobre los vínculos afectivos. Es una pieza imprescindible para entender la narrativa gráfica europea contemporánea y la capacidad del cómic para abordar los sentimientos más complejos desde una óptica imaginativa y profundamente honesta.