V

*V de Vendetta*, escrita por Alan Moore e ilustrada por David Lloyd, es una de las piedras angulares de la narrativa gráfica contemporánea. Publicada originalmente de forma serializada entre 1982 y 1989, la obra se aleja de los convencionalismos del género de superhéroes para adentrarse en un denso thriller político y distópico que explora la tensión absoluta entre la libertad individual y el control estatal.

La historia se sitúa en un Reino Unido alternativo de finales de la década de 1990. Tras una guerra nuclear a escala global que ha dejado al mundo en ruinas, Gran Bretaña ha sobrevivido bajo el puño de hierro de un régimen fascista denominado "Fuego Nórdico" (Norsefire). Este gobierno ha erradicado cualquier forma de disidencia, minorías étnicas, religiosas o sexuales, estableciendo un orden basado en el miedo, la vigilancia extrema y la propaganda. El Estado se organiza de manera orgánica a través de departamentos con nombres anatómicos: "El Ojo" gestiona las cámaras de vigilancia, "El Oído" se encarga de las escuchas telefónicas, "La Nariz" es la policía de investigación y "El Dedo" representa la fuerza de choque y represión.

En este escenario de opresión absoluta surge V, un enigmático anarquista que oculta su rostro tras una máscara de Guy Fawkes, el conspirador histórico que intentó volar el Parlamento inglés en 1605. V no es un héroe en el sentido tradicional; es un agente del caos, un erudito de la cultura prohibida y un estratega implacable que inicia una campaña de sabotaje sistemático contra las instituciones del régimen. Su objetivo no es solo destruir la infraestructura del Estado, sino despertar la conciencia de una población que ha intercambiado su libertad por una seguridad ilusoria.

El contrapunto humano a la figura casi mítica de V es Evey Hammond, una joven huérfana y vulnerable que es rescatada por el protagonista durante un encuentro fortuito con la policía secreta. A través de la relación entre ambos, el lector experimenta el proceso de desaprendizaje y transformación necesario para enfrentar un sistema totalitario. Evey sirve como el ancla emocional de la historia, permitiendo que las ideas abstractas de V sobre la anarquía y la justicia se manifiesten en una evolución personal dolorosa pero necesaria.

Visualmente, el trabajo de David Lloyd es fundamental para la identidad de la obra. Lloyd optó por un estilo despojado de los recursos habituales del cómic estadounidense de la época: no hay onomatopeyas de golpes, no hay líneas de movimiento y, lo más importante, no hay globos de pensamiento. Esta decisión narrativa obliga al lector a interpretar las intenciones de los personajes a través de sus acciones y diálogos, aumentando la ambigüedad y el realismo de la trama. El uso de las sombras, una paleta de colores apagados y una narrativa cinematográfica refuerzan la atmósfera claustrofóbica de un Londres gris y vigilado.

La obra destaca por su profundidad filosófica. Moore utiliza la confrontación entre V y el Líder del partido, Adam Susan, para debatir sobre la naturaleza del poder y la moralidad. Mientras que el Líder cree en el orden absoluto como la única salvación para la humanidad, V defiende que la libertad conlleva la responsabilidad del caos. El cómic no ofrece respuestas fáciles ni presenta a V como una figura puramente benevolente; sus métodos son violentos y sus manipulaciones cuestionables, lo que invita al lector a reflexionar sobre si el fin justifica los medios en la lucha contra la tiranía.

*V de Vendetta* es, en última instancia, un examen sobre la identidad y el poder de los símbolos. Como bien afirma el protagonista, "las ideas son a prueba de balas

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