Underworld – Rise Of The Lycans

La adaptación al noveno arte de Underworld: Rise of the Lycans, publicada por IDW Publishing, no es simplemente un traslado literal de la película homónima a las viñetas, sino una pieza fundamental para entender la mitología de la franquicia cinematográfica. Escrita por Kevin Grevioux —quien no solo es el cocreador de la saga, sino que también interpretó al imponente Raze en la gran pantalla— y con el arte distintivo de Andrew Ritchie, esta miniserie de dos números se sumerge en las raíces de la guerra milenaria entre vampiros y licántropos, ofreciendo una perspectiva cruda y visceral sobre el origen del conflicto.

La narrativa nos transporta siglos atrás, mucho antes de la existencia de Selene o la tecnología moderna, situándonos en una Edad Media sombría y gótica. El cómic establece con precisión la jerarquía de poder de la aristocracia vampírica, liderada por el implacable y despótico Viktor. En este contexto, los vampiros han consolidado su dominio sobre la noche, pero se enfrentan a una amenaza constante: los "Hombres Lobo" de primera generación, descendientes de William Corvinus, bestias salvajes e incapaces de recuperar su forma humana que asolan las tierras circundantes.

El núcleo de la historia es el nacimiento y ascenso de Lucian. A diferencia de sus predecesores salvajes, Lucian es el primer Licántropo: una nueva evolución capaz de alternar entre la forma humana y la bestial a voluntad. El cómic explora su condición de "esclavo de confianza" dentro del castillo de Viktor. Lucian no es visto por los vampiros como un ser vivo con derechos, sino como una anomalía biológica útil, una herramienta de defensa y un medio para crear una nueva raza de esclavos que protejan el castillo durante las horas del día.

El guion de Grevioux profundiza en la psicología de la opresión. Lucian, a pesar de su fuerza superior, vive encadenado por un collar de plata y por la lealtad impuesta hacia su creador, Viktor. Sin embargo, el catalizador del cambio no es solo el deseo de libertad, sino el romance prohibido y clandestino con Sonja, la hija de Viktor y una de las guerreras más letales de los "Death Dealers". Esta relación actúa como el eje emocional de la obra, representando la transgresión definitiva de las leyes de casta que rigen la sociedad sobrenatural.

Visualmente, el trabajo de Andrew Ritchie se aleja del realismo convencional de otros cómics de franquicias para abrazar un estilo expresionista, oscuro y casi onírico. Su trazo es sucio, cargado de sombras y texturas que enfatizan la atmósfera opresiva del castillo y la brutalidad de las transformaciones. No se busca la limpieza estética, sino transmitir la naturaleza visceral de la carne, la sangre y el acero. Esta elección artística refuerza la sensación de que estamos ante una leyenda antigua, un relato de tiempos bárbaros donde la línea entre el hombre y el monstruo es inexistente.

El cómic detalla meticulosamente el proceso de rebelión. No se trata de un estallido espontáneo, sino de una acumulación de agravios y la toma de conciencia de Lucian sobre su propio potencial como líder. La obra muestra cómo Lucian comienza a sembrar las semillas de la insurrección entre sus hermanos de cadena, transformando a un grupo de prisioneros en un ejército organizado. La narrativa construye una tensión creciente, donde el espectador sabe que el enfrentamiento es inevitable, pero se deleita en los matices políticos y personales que conducen al estallido de la guerra.

En conclusión, Underworld: Rise of the Lycans es una pieza de lore indispensable. Logra expandir el universo de la saga aportando una gravedad que a veces la acción frenética del cine no permite explorar. Es una tragedia de tintes shakesperianos disfrazada de horror gótico, que redefine a Lucian no como un villano, sino como un revolucionario forjado en el dolor. Para el lector, representa la oportunidad de presenciar el momento exacto en que el equilibrio de poder cambió para siempre, dando inicio a una enemistad que definiría el destino de ambas especies durante los siguientes mil años.

Deja un comentario