Ultimo Sur es una pieza fundamental del *noir* contemporáneo en el ámbito de la historieta iberoamericana. Escrita por el guionista uruguayo Rodolfo Santullo e ilustrada por el artista argentino Leandro Fernández, esta obra se aleja de los tropos convencionales del género policial urbano para sumergirse en las entrañas de la Patagonia profunda. La narrativa se construye sobre los pilares del "Southern Noir" o policial rural, donde el paisaje no es un simple telón de fondo, sino un antagonista activo que moldea la psicología de sus personajes y el ritmo de la trama.
La premisa nos sitúa en un paraje remoto y desolado del sur argentino, un territorio donde la ley es una noción abstracta y la supervivencia depende de códigos no escritos. La historia comienza con la llegada de un forastero a un pueblo que parece detenido en el tiempo, marcado por el frío inclemente y un aislamiento asfixiante. Este protagonista, cuya presencia altera el frágil equilibrio de la comunidad, se ve envuelto en una investigación que trasciende lo criminal para adentrarse en lo existencial. El motor de la trama es un misterio irresuelto, un secreto enterrado bajo la escarcha que los habitantes locales han preferido ignorar durante décadas.
Santullo despliega un guion seco, directo y carente de sentimentalismo. La economía de palabras es una de las mayores virtudes de la obra; los diálogos son parcos, reflejando la naturaleza de hombres y mujeres endurecidos por el clima y la soledad. No hay espacio para la exposición innecesaria. El autor confía en la inteligencia del lector para unir las piezas de un rompecabezas que se revela a través de gestos, silencios y miradas cargadas de sospecha. La narrativa explora temas universales como la culpa, la redención y la imposibilidad de escapar del pasado, pero los ancla firmemente en la idiosincrasia rioplatense.
En el apartado visual, Leandro Fernández realiza un trabajo magistral que eleva la obra a un nivel superior. Conocido por su labor en títulos internacionales como *The Old Guard* o *Punisher: MAX*, Fernández utiliza aquí un estilo de alto contraste, donde el uso de las sombras y las manchas de tinta define la atmósfera de opresión. El blanco y negro (o la paleta limitada, según la edición) acentúa la desolación del paisaje patagónico. Sus composiciones capturan la inmensidad del horizonte y, al mismo tiempo, la claustrofobia de los interiores mal iluminados. El dibujo no solo narra la acción, sino que transmite la temperatura del ambiente; el lector casi puede sentir el viento cortante y la humedad de la nieve a través de los trazos rugosos y la composición de página.
La estructura de Ultimo Sur es la de un *thriller* de combustión lenta. La tensión se acumula de manera gradual, evitando los fuegos artificiales gratuitos para centrarse en la construcción de una atmósfera de fatalismo inminente. A medida que el protagonista profundiza en las dinámicas del pueblo, se hace evidente que la justicia es un concepto maleable en los confines del mundo. La obra cuestiona la moralidad de sus personajes, presentándolos en una escala de grises donde nadie es completamente inocente ni puramente malvado; todos son supervivientes de sus propias circunstancias.
En conclusión, Ultimo Sur es un cómic que destaca por su madurez narrativa y su potencia visual. Es una exploración cruda de la condición humana en un entorno hostil, donde el silencio es la herramienta de defensa más efectiva. La colaboración entre Santullo y Fernández resulta en una obra cohesiva que respeta las reglas del género negro mientras aporta una identidad propia, profundamente arraigada en el territorio austral. Es una lectura esencial para quienes buscan una historieta que combine el rigor del policial clásico con una estética moderna y una profundidad psicológica que perdura mucho después de cerrar el libro.