Turo, la obra escrita e ilustrada por el autor gaditano Mateo Guerrero, representa uno de los hitos más destacados de la fantasía de aventuras en el panorama del cómic español contemporáneo. Publicada originalmente por la editorial Dibbuks en España y por Le Lombard en el mercado francobelga, esta novela gráfica se aleja de los convencionalismos del género para proponer un universo propio, visualmente deslumbrante y narrativamente sólido, que bebe tanto del dinamismo del manga como de la tradición del álbum europeo.
La historia nos sitúa en un mundo fragmentado y vertical, donde la humanidad ha abandonado la superficie terrestre para refugiarse en asentamientos elevados, ciudades que desafían la gravedad y se pierden entre las nubes. En este escenario, la supervivencia depende de la tecnología y de la capacidad de recuperar materiales de las zonas inferiores, un territorio hostil y prohibido. El protagonista que da nombre a la obra, Turo, es un joven "chatarrero" o buscador de tesoros mecánicos que sobrevive en los estratos más bajos de esta sociedad jerarquizada. Turo no es el héroe predestinado clásico; es un superviviente nato, dotado de una gran destreza técnica y una curiosidad que a menudo lo pone en peligro.
El motor de la trama se activa cuando Turo, durante una de sus incursiones en busca de piezas valiosas, realiza un descubrimiento fortuito que rompe el statu quo de su existencia. Encuentra a una misteriosa joven cuya presencia desafía todo lo que él y su comunidad creen saber sobre el mundo exterior y las profundidades del abismo. Este encuentro actúa como el catalizador de una huida hacia adelante, obligando al protagonista a abandonar la relativa seguridad de su hogar para adentrarse en un viaje de descubrimiento que lo llevará a cuestionar las estructuras de poder que rigen su sociedad.
Uno de los pilares fundamentales de *Turo* es su construcción de mundo (world-building). Guerrero no se limita a presentar un escenario fantástico, sino que dota a este universo de una coherencia interna notable. La tecnología tiene un aire *steampunk* pero con una identidad visual única, donde los engranajes, las naves voladoras y las prótesis mecánicas se integran de forma orgánica en el paisaje. La verticalidad del entorno no es solo un recurso estético, sino un elemento narrativo que subraya la desigualdad social: cuanto más arriba se vive, mayor es el estatus y el acceso a los recursos, mientras que los niveles inferiores están condenados a la penumbra y al reciclaje de los desechos de los poderosos.
En el apartado artístico, Mateo Guerrero despliega toda su maestría. Su estilo es una síntesis perfecta entre la expresividad y el ritmo narrativo del cómic japonés y la meticulosidad en el detalle y la composición de la escuela europea. El diseño de personajes es carismático y funcional, permitiendo que el lector conecte emocionalmente con ellos a través de sus gestos y movimientos. Los escenarios, por su parte, poseen una escala épica; las dobles páginas y las perspectivas forzadas transmiten una sensación constante de vértigo y asombro, capturando la inmensidad de un mundo donde el vacío es el principal enemigo.
Temáticamente, el cómic aborda cuestiones universales como la búsqueda de la identidad, el valor de la libertad frente al control autoritario y la importancia de la preservación del conocimiento. A través de los ojos de Turo, el lector explora la idea de que la verdad a menudo se encuentra oculta bajo capas de mitos y miedos impuestos. La relación entre los personajes principales evoluciona de forma natural, alejándose de los tropos románticos forzados para centrarse en la lealtad y el descubrimiento mutuo en un entorno hostil.
*Turo* es, en definitiva, una obra que demuestra la madurez del cómic de aventuras. Sin necesidad de recurrir a giros argumentales tramposos o a una violencia gratuita, logra mantener un ritmo vibrante que atrapa desde la primera página. Es una invitación a la exploración, un recordatorio de que, incluso en un mundo confinado a las alturas, el espíritu humano siempre buscará la forma de descender a las profundidades para encontrar sus raíces y su destino. Para cualquier aficionado al noveno arte que busque una historia autoconclusiva, con un apartado visual de primer nivel y una narrativa que respeta la inteligencia del lector, esta obra de Mateo Guerrero es una lectura imprescindible.