*Triggerman* es una pieza fundamental dentro del catálogo de la línea Hard Case Crime, publicada originalmente por Titan Comics. Esta obra destaca no solo por su narrativa cruda y directa, sino por el pedigrí de sus creadores: el legendario director de cine Walter Hill (responsable de clásicos como *The Warriors* o *48 Hrs.*) y el guionista francés Matz, quienes ya habían colaborado previamente en *The Killer*. A ellos se une el artista Jef, cuyo estilo visual termina de cimentar una atmósfera de cine negro clásico trasladada con maestría al papel.
La historia se sitúa en la década de 1930, en una América sumida en la Gran Depresión y bajo el yugo de la Prohibición. El protagonista es Roy Nash, un asesino a sueldo de la vieja escuela que se encuentra cumpliendo condena en una prisión de Arizona. Nash no es un hombre de muchas palabras, sino un profesional de la violencia con un código ético propio, aunque distorsionado. Su vida da un giro cuando un poderoso jefe de la mafia de Chicago decide mover los hilos necesarios para sacarlo de la cárcel de forma extraoficial. Sin embargo, esta libertad no es gratuita: Nash debe cumplir una misión que nadie más puede ejecutar con la misma frialdad.
El encargo parece sencillo en la superficie, pero esconde capas de traición y peligro: Roy debe localizar a una mujer desaparecida y recuperar una cuantiosa suma de dinero que ha sido robada a la organización. La búsqueda lo lleva desde el polvo y el calor asfixiante del suroeste estadounidense hasta el glamur decadente y las sombras peligrosas de Los Ángeles. A medida que Nash avanza en su investigación, el lector es testigo de un submundo poblado por gánsteres de gatillo fácil, policías corruptos y figuras desesperadas que intentan sobrevivir en una economía colapsada.
Uno de los puntos fuertes de *Triggerman* es su ritmo. Walter Hill y Matz manejan una narrativa que evoca el ritmo del cine de acción de los años 70, donde el movimiento es constante y la tensión se construye a través de los silencios y los encuentros fortuitos. Roy Nash se presenta como el arquetipo del antihéroe "hardboiled": un hombre que sabe que su tiempo está pasando, pero que se niega a ser una víctima de las circunstancias. Su viaje no es solo una búsqueda de dinero o personas, sino una travesía a través de un país que está cambiando sus reglas de juego.
Visualmente, el trabajo de Jef es impecable y esencial para la inmersión en el relato. Su dibujo huye de la limpieza excesiva, optando por un trazo detallado pero sucio que refleja la aspereza de la época. La paleta de colores utiliza tonos ocres, grises y sombras profundas que capturan perfectamente la estética del *noir*. Las escenas de acción están coreografiadas con una precisión cinematográfica, permitiendo que el lector siga la violencia de Nash de manera fluida, casi como si estuviera viendo un guion gráfico de una película perdida de la época dorada de Hollywood.
El cómic evita los adornos innecesarios y se centra en la pureza del género criminal. No hay grandes discursos morales ni giros argumentales forzados; la trama avanza con la inevitabilidad de una bala disparada. *Triggerman* es, en esencia, una carta de amor al género negro más seco y cortante. Explora temas como la lealtad, la redención imposible y la fatalidad del destino, manteniendo siempre el foco en la figura central de Nash, un hombre que vive y muere por el arma que lleva en la cintura.
En resumen, *Triggerman* es una lectura obligatoria para los aficionados al cómic de género criminal. Logra capturar la esencia de las novelas de quiosco de mediados de siglo y elevarlas mediante una ejecución técnica moderna. Es una historia de hombres duros en tiempos difíciles, donde la única moneda de cambio que realmente importa es la supervivencia y donde cada decisión puede ser la última. Sin recurrir a artificios, Hill, Matz y Jef entregan una obra sólida, violenta y profundamente atmosférica que honra las raíces del *noir* más puro.