Tremendo Tobi no es solo un cómic; es un puñetazo de realidad distorsionada y una de las piezas más crudas y auténticas del panorama underground español contemporáneo. Creado por la mano de Ismael Canales, este recopilatorio que abarca los números del 1 al 3 nos sumerge en un universo donde la estética de lo feo, lo marginal y lo visceral se eleva a la categoría de arte secuencial. Como experto en el medio, es necesario abordar esta obra desde su naturaleza disruptiva, alejándose de los cánones comerciales para entender qué hace que Tobi sea, efectivamente, "tremendo".
La narrativa de *Tremendo Tobi* se centra en la figura de su protagonista homónimo, un personaje que encarna la derrota cotidiana y la supervivencia en los márgenes de una sociedad que prefiere no mirar hacia los callejones. Tobi no es un héroe, ni siquiera un antihéroe al uso con un código moral redimible; es un superviviente del asfalto, un "macarra" de barrio cuya vida transcurre entre bares de serrín en el suelo, trapicheos de poca monta y una violencia latente que estalla con la misma naturalidad con la que se enciende un cigarrillo.
En este arco que comprende los tres primeros números, asistimos a la construcción de un ecosistema urbano degradado pero extrañamente magnético. La trama no busca la épica, sino el costumbrismo más salvaje. Canales nos presenta una sucesión de situaciones donde el absurdo y la crudeza caminan de la mano. La genialidad de la obra reside en cómo logra capturar la esencia de una España periférica, esa que no sale en las guías turísticas, poblándola de personajes secundarios que parecen sacados de una pesadilla de barrio: confidentes, matones de medio pelo y figuras errantes que dotan al relato de una textura social densa y asfixiante.
Visualmente, el cómic es una lección de estilo dentro del género *trash* o underground. El dibujo de Ismael Canales es agresivo, sucio y profundamente expresivo. El uso del blanco y negro no es una elección estética casual, sino una necesidad narrativa para subrayar la sordidez de los entornos. El trazo es nervioso, cargado de manchas y texturas que transmiten el olor a tabaco rancio y humedad. Cada viñeta está saturada de detalles que refuerzan la atmósfera de decadencia, desde las pintadas en las paredes hasta las expresiones desencajadas de los personajes, que a menudo rozan lo grotesco. Esta deformación de la realidad no aleja al lector, sino que lo sumerge más profundamente en la psique de Tobi.
El ritmo narrativo en estos tres primeros números es frenético. Canales maneja los tiempos con una maestría que recuerda a los fanzines clásicos de los años 80, pero con una sensibilidad moderna y cínica. No hay espacio para la contemplación gratuita; cada página empuja al protagonista hacia un nuevo conflicto, ya sea físico o existencial. El lenguaje utilizado es otro de los pilares de la obra: un argot callejero auténtico, sin filtros, que dota a los diálogos de una veracidad punzante.
*Tremendo Tobi 1-3* funciona como una radiografía de la alienación urbana. A través de las desventuras de su protagonista, el autor explora temas como la soledad, la falta de expectativas de la clase obrera y la violencia como único lenguaje válido en un entorno hostil. Sin embargo, hay un humor negro subyacente que recorre toda la obra, una ironía mordaz que sirve como válvula de escape ante tanta fealdad.
En conclusión, este volumen es una pieza esencial para entender la evolución del cómic independiente en España. Ismael Canales no pide permiso ni perdón; entrega una obra honesta, visceral y visualmente impactante que recupera el espíritu más puro del fanzine para llevarlo a una narrativa sólida y coherente. *Tremendo Tobi* es, en definitiva, el retrato de un mundo que se cae a pedazos, dibujado por