Transformers Windblade Vol2

Transformers: Windblade Vol. 2 (a menudo subtitulado como *Distant Stars*) representa un pilar fundamental en la etapa de IDW Publishing conocida como "The All-Hail Optimus era", aunque su enfoque se aleja de las líneas de frente de batalla para adentrarse en los complejos y traicioneros pasillos de la diplomacia intergaláctica. Escrita por Mairghread Scott e ilustrada por Corin Howell, esta serie limitada de siete números expande de manera significativa el lore de la franquicia, centrando su narrativa en las consecuencias políticas de la unificación de las colonias perdidas de Cybertron.

La historia se sitúa inmediatamente después de los eventos de *Combiner Wars*. Cybertron ya no es un planeta solitario y devastado por la guerra civil entre Autobots y Decepticons; ahora es el nexo de un incipiente imperio que busca recuperar el contacto con sus asentamientos olvidados a través de la galaxia. En este escenario, Windblade, la "Cityspeaker" (Caminante de Ciudades) originaria de la colonia de Caminus, se encuentra en una posición de poder sin precedentes y, al mismo tiempo, de extrema vulnerabilidad. Como representante oficial de las colonias ante el Consejo de Mundos, su misión es garantizar que los derechos de los colonos no sean pisoteados por la burocracia de Cybertron.

El núcleo del conflicto en este volumen no se resuelve únicamente con blásters, sino con alianzas inestables y juegos de espionaje. El antagonista principal, aunque ostenta el título de soberano legítimo de Cybertron, es Starscream. La dinámica entre Windblade y Starscream es el motor que impulsa la trama: mientras ella intenta actuar con integridad y transparencia para proteger a los habitantes de mundos como Velocitron o Devisun, Starscream utiliza cada nueva conexión colonial para consolidar su control absoluto y alimentar su ego. La tensión es constante, ya que Windblade sabe que Starscream es un manipulador nato, pero se ve obligada a trabajar con él para mantener la estabilidad del planeta y la salud de Metroplex, el titán que sirve de hogar a la población.

Un elemento crucial de esta entrega es la exploración de la identidad y el trauma. Windblade no solo lucha contra fuerzas externas, sino también con el peso de sus propias decisiones y la relación cada vez más tensa con su guardaespaldas y amiga, Chromia. Los secretos que rodean la llegada de las colonias y los métodos utilizados para asegurar la supervivencia de Caminus generan una atmósfera de paranoia. El cómic profundiza en qué significa ser un Transformer fuera de la dicotomía Autobot/Decepticon, introduciendo culturas diversas que han evolucionado de forma independiente durante millones de años, cada una con sus propios valores, religiones y estructuras sociales.

Visualmente, el trabajo de Corin Howell aporta un tono distintivo que lo diferencia de otras series de la franquicia. Su estilo, más expresivo y con una estética que recuerda ligeramente a la animación moderna, permite que las interacciones faciales y el lenguaje corporal de los personajes cobren un protagonismo vital. Esto es esencial en una historia donde una mirada de sospecha o un gesto de duda en una reunión del Consejo pueden ser tan impactantes como la explosión de un motor de salto.

En resumen, *Transformers: Windblade Vol. 2* es una obra de construcción de mundo (world-building) excepcional. No se limita a expandir el mapa estelar de Cybertron, sino que cuestiona la moralidad de la expansión colonial y la dificultad de gobernar una raza que solo ha conocido la guerra. Es una lectura imprescindible para entender la evolución política del universo IDW, ofreciendo una visión sofisticada de Windblade como una líder que debe aprender a navegar en un mar de grises éticos sin perder su chispa en el proceso. La obra logra equilibrar el sentido de maravilla al descubrir nuevos mundos con la cruda realidad de la política de poder.

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