Transformers: Todos Aclamen a Megatron (originalmente *All Hail Megatron*) representa uno de los puntos de inflexión más drásticos y ambiciosos en la historia editorial de la franquicia bajo el sello de IDW Publishing. Escrita por Shane McCarthy y con el arte principal de Guido Guidi, esta maxiserie de doce números (expandida posteriormente con capítulos adicionales) se aleja de las dinámicas habituales de la guerra eterna para presentar un escenario de pesadilla: la victoria absoluta de los Decepticons y la caída total de la humanidad y los Autobots.
La narrativa comienza *in media res*, situándonos un año después de que los Autobots fueran derrotados en circunstancias misteriosas. La historia arranca con una invasión a escala global, centrando su foco inicial en la ciudad de Nueva York. A diferencia de otras encarnaciones donde los Transformers operan en las sombras o mediante tácticas de infiltración, aquí Megatron decide que el tiempo de esconderse ha terminado. Los Decepticons descienden sobre la Tierra con una brutalidad sin precedentes, diezmando las fuerzas militares humanas en cuestión de horas y convirtiendo las metrópolis en cementerios de acero.
El guion de McCarthy se estructura en dos frentes narrativos paralelos que mantienen una tensión constante. Por un lado, observamos la ocupación de la Tierra. Megatron, en la cúspide de su poder, intenta establecer un nuevo orden mundial mientras lidia con la naturaleza intrínsecamente violenta de sus subordinados. No es solo una historia de conquista, sino un estudio sobre la tiranía y lo que sucede cuando un ejército diseñado para la destrucción se queda sin enemigos que combatir. La dinámica entre Megatron y Starscream cobra una relevancia vital, explorando las fisuras ideológicas dentro del bando vencedor.
Por otro lado, la trama nos traslada a un Cybertron devastado y moribundo, donde encontramos a los restos de la resistencia Autobot. Optimus Prime y sus seguidores están atrapados, heridos y al borde de la extinción. Esta subtrama funciona como un misterio de tipo "rompecabezas", donde a través de *flashbacks* el lector va descubriendo cómo el bando de los héroes, tradicionalmente resiliente, pudo ser derrotado de forma tan absoluta. La atmósfera en estos segmentos es de absoluta desesperanza; los Autobots no solo luchan por sobrevivir, sino que se enfrentan al colapso moral de saber que han fallado en su misión de proteger el universo.
Visualmente, el trabajo de Guido Guidi es fundamental. El artista logra un equilibrio perfecto entre el diseño clásico de la "Generación 1" y una estética moderna, sucia y visceral. Los Transformers se sienten pesados, masivos y aterradores. La escala de la destrucción humana está retratada con un realismo que acentúa el tono sombrío de la obra, alejándola de los dibujos animados matutinos para acercarla a un drama bélico de ciencia ficción oscura.
"Todos Aclamen a Megatron" es, en esencia, una deconstrucción del mito de los Transformers. Explora temas como la obsolescencia del guerrero en tiempos de paz, la fragilidad de la civilización humana frente a fuerzas incomprensibles y la carga del liderazgo en tiempos de derrota total. Al eliminar la red de seguridad que supone la presencia de los Autobots en la Tierra, McCarthy obliga al lector a enfrentarse a la verdadera amenaza que representan los Decepticons: no son solo robots gigantes, son una fuerza de la naturaleza imparable y carente de empatía.
Sin recurrir a giros argumentales gratuitos, la obra redefine el statu quo de la continuidad de IDW, sirviendo como un reinicio suave que simplificó la compleja mitología establecida anteriormente para centrarse en el conflicto central. Es una lectura esencial para entender la evolución del cómic moderno de Transformers, ofreciendo una visión cruda donde la victoria no pertenece a los justos, sino a aquellos con la voluntad de hierro necesaria para reclamarla. La obra no solo pregunta qué harían los villanos si ganaran, sino qué queda de los héroes cuando lo han perdido absolutamente todo.