Transformers – Till All are One

Transformers: Till All Are One representa una de las cumbres narrativas dentro de la continuidad original de IDW Publishing (2005-2018). Escrita por Mairghread Scott e ilustrada magistralmente por Sara Pitre-Durocher, esta serie se aleja de las convenciones del género de acción robótica para adentrarse de lleno en el thriller político, la diplomacia de alto riesgo y el drama psicológico. La obra se sitúa en un Cybertron post-bélico que intenta desesperadamente reconstruirse tras millones de años de guerra civil entre Autobots y Decepticons.

La premisa central gira en torno al frágil equilibrio de poder en Iacon, la capital del planeta. Tras los eventos de las "Combiner Wars", Cybertron ya no es un mundo aislado; se ha convertido en el nexo de un incipiente imperio intergaláctico gracias al descubrimiento de las colonias perdidas (como Caminus, Velocitron y Devisun). Para gestionar esta nueva realidad, se establece el Consejo de los Mundos, un cuerpo diplomático donde representantes de cada colonia intentan coexistir. Sin embargo, la paz es una fachada delgada que oculta ambiciones personales y rencores históricos.

El eje de la narrativa es la compleja relación entre dos figuras opuestas: Starscream y Windblade. Starscream, el antiguo lugarteniente Decepticon, ocupa ahora el cargo de soberano elegido de Cybertron. Lejos de ser el villano caricaturesco de antaño, aquí se presenta como un político maquiavélico, obsesionado con su legado y con mantener el control a cualquier precio, incluso si eso implica manipular la verdad o recurrir a métodos moralmente cuestionables. Por otro lado, Windblade actúa como la "Cityspeaker" (representante de las colonias y enlace con el titán Metroplex) y ejerce como la brújula moral y la principal fiscalizadora de las acciones de Starscream. Su dinámica no es de héroe contra villano, sino de dos líderes que deben colaborar a pesar de su mutua desconfianza para evitar que el planeta colapse de nuevo en el caos.

Uno de los puntos fuertes del cómic es el tratamiento de los personajes secundarios, especialmente los Combaticons. El equipo liderado por Onslaught recibe una profundidad inusitada, explorando el trauma post-guerra y el sentimiento de abandono de los soldados que ya no tienen una batalla que luchar. La subtrama que involucra a Blast Off y su lealtad hacia sus compañeros añade una capa emocional que humaniza a facciones que tradicionalmente eran consideradas meras fuerzas de destrucción. Asimismo, la presencia de Ironhide como jefe de seguridad aporta una perspectiva veterana y pragmática a las intrigas de palacio.

Temáticamente, *Till All Are One* cuestiona si es posible construir un futuro brillante sobre un cimiento de mentiras. La serie explora la naturaleza del poder, la redención y el costo de la paz. ¿Cuántos secretos puede guardar un gobierno antes de que la estructura se desmorone? ¿Puede un criminal de guerra como Starscream convertirse realmente en el salvador que su pueblo necesita, o está condenado por su propia naturaleza traicionera?

El apartado visual de Sara Pitre-Durocher es fundamental para el tono de la obra. Su capacidad para dotar de expresividad facial a rostros metálicos permite que los diálogos cargados de subtexto y las tensiones políticas se sientan vibrantes. El diseño de escenarios refleja un Cybertron que intenta ser moderno y cosmopolita, pero que aún conserva las cicatrices de la guerra en sus niveles inferiores.

En resumen, *Transformers: Till All Are One* es una lectura esencial para quienes buscan una historia de ciencia ficción madura. No se trata de quién dispara más rápido, sino de quién sobrevive a la siguiente sesión del consejo. Es un examen minucioso de la reconstrucción de una sociedad y de los sacrificios personales que exige el bien común, consolidándose como una de las etapas más inteligentes y emocionalmente resonantes en la historia de la franquicia.

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