Tramp, la obra maestra escrita por Jean-Charles Kraehn e ilustrada magistralmente por Patrick Jusseaume, se erige como uno de los pilares fundamentales del cómic francobelga contemporáneo, específicamente dentro del género de aventuras con tintes de novela negra y realismo histórico. Publicada originalmente a principios de los años 90, esta serie logra capturar la esencia de la vida marítima de mediados del siglo XX, alejándose de los romanticismos vacíos para sumergirse en la crudeza de los puertos, la corrupción industrial y la soledad del océano.
La historia sigue los pasos de Yann Calec, un joven capitán de la marina mercante francesa en la posguerra (finales de los años 40 y década de los 50). El título de la obra hace referencia a la navegación de "trampeo" (*tramp shipping*), una modalidad en la que los buques no tienen una ruta fija ni un calendario estricto, sino que viajan de puerto en puerto buscando carga disponible. Esta premisa no es solo un detalle técnico, sino el motor narrativo que permite a los autores desplazar la acción por todo el globo: desde los muelles grises y neblinosos de Rouen hasta las exóticas pero peligrosas costas de África, Indochina o Sudamérica.
Yann Calec no es el típico héroe de acción invulnerable. Es un hombre de principios, profesional y profundamente humano, cuya mayor ambición es capitanear su propio barco y honrar la memoria de su padre. Sin embargo, su integridad se convierte a menudo en su mayor obstáculo. En un mundo que intenta reconstruirse tras la Segunda Guerra Mundial, el comercio marítimo está plagado de intereses oscuros. Calec se ve constantemente envuelto en conspiraciones que van mucho más allá de la simple navegación: fraudes a compañías de seguros, tráfico de armas, sabotajes industriales y crímenes silenciados por la inmensidad del mar.
El guion de Kraehn destaca por su solidez estructural. Cada arco argumental está meticulosamente documentado, ofreciendo una visión técnica y socialmente precisa de la época. No se limita a la aventura superficial; explora la psicología de la tripulación, las jerarquías a bordo y la tensión constante entre el deber y la supervivencia. La narrativa se cocina a fuego lento, permitiendo que el misterio crezca a medida que el barco avanza hacia su destino, creando una atmósfera de suspense donde el peligro puede provenir tanto de una tormenta perfecta como de un polizón o de un armador sin escrúpulos sentado en un despacho a miles de kilómetros.
En el apartado visual, el trabajo de Patrick Jusseaume es, sencillamente, superlativo. Su estilo, heredero de la mejor tradición de la línea clara pero con un realismo sucio y detallado, es fundamental para la inmersión del lector. Jusseaume posee una capacidad asombrosa para dibujar barcos; los cargueros en *Tramp* no son meros fondos, son personajes vivos. Se puede sentir el peso del acero, el olor a gasóleo y salitre, y el desgaste de la pintura por la erosión marina. Sus rostros son expresivos y curtidos, reflejando las duras vidas de quienes habitan los puertos. El uso del color y la iluminación refuerza ese tono de "cine negro" que impregna la serie, especialmente en las escenas nocturnas o en los tugurios portuarios donde se cierran los tratos más turbios.
*Tramp* es, en definitiva, una obra sobre la pérdida de la inocencia y la lucha de un individuo contra sistemas corruptos. A través de los ojos de Calec, el lector asiste al fin de una era en la navegación, antes de la llegada de los contenedores y la automatización masiva, cuando el mar todavía era un territorio indómito y los puertos eran crisoles de culturas, espionaje y peligro. Es una lectura imprescindible para cualquier amante del noveno arte que busque una narrativa adulta, rigurosa y visualmente deslumbrante, que trata al lector con inteligencia y respeto por el detalle histórico. Una odisea moderna donde el verdadero desafío no es solo llegar a puerto, sino hacerlo con la conciencia limpia.