Tramber-Jano representa una de las cumbres narrativas y visuales de la historieta de ciencia ficción española de finales de los años 70 y principios de los 80. Creada por el veterano y virtuoso dibujante Joan Boix, esta obra se desmarca de las corrientes convencionales del género para adentrarse en una odisea metafísica y existencialista que aprovecha al máximo la libertad creativa del llamado "boom del cómic adulto" en España.
La trama nos presenta a un protagonista atípico, Tramber-Jano, un viajero solitario que recorre un universo vasto, decadente y profundamente simbólico. El nombre del personaje no es casual: evoca a Jano, la deidad romana de las dos caras, el dios de las puertas, los comienzos y los finales. Esta dualidad impregna toda la obra, donde el protagonista se mueve entre dimensiones, tiempos y estados de conciencia, actuando a menudo como un observador melancólico de la caída de civilizaciones o como un catalizador de cambios cósmicos que escapan a la comprensión humana ordinaria.
El escenario de Tramber-Jano no es el espacio exterior de las naves relucientes y la tecnología aséptica. Boix construye un cosmos barroco, orgánico y, en ocasiones, pesadillesco. Los mundos que visita el protagonista están poblados por arquitecturas imposibles, restos de glorias pasadas y criaturas que parecen extraídas de un sueño febril. La narrativa se aleja de la estructura clásica de "héroe contra villano" para centrarse en la búsqueda de la identidad y el sentido de la existencia en un entorno que es, a la vez, hermoso y aterrador.
Desde el punto de vista artístico, la obra es un despliegue de maestría técnica. Joan Boix utiliza un estilo de dibujo extremadamente detallado, caracterizado por un uso magistral del claroscuro y una línea fina que otorga una textura casi táctil a cada viñeta. Su capacidad para crear atmósferas es sobrecogedora; el lector puede sentir el peso del vacío estelar y la decrepitud de los planetas moribundos. La influencia de autores europeos como Moebius o Druillet es palpable en la ambición de sus diseños, pero Boix mantiene una sobriedad y un rigor anatómico que anclan la fantasía en una realidad visualmente coherente.
La estructura de las historias suele ser episódica, pero conectada por un hilo conductor filosófico. Tramber-Jano se enfrenta a dilemas morales y paradojas temporales que desafían su propia naturaleza. No es un guerrero al uso, aunque la violencia y el peligro acechan en cada rincón de su viaje; es más bien un filósofo errante, un ser que carga con el peso de una sabiduría que parece ser tanto una bendición como una maldición. La obra explora temas como la soledad del individuo frente a la inmensidad del cosmos, la circularidad del tiempo y la fragilidad de la memoria.
En resumen, Tramber-Jano es un cómic de autor en el sentido más estricto de la palabra. Es una invitación a un viaje introspectivo a través de paisajes oníricos, donde la narrativa visual de Joan Boix alcanza cotas de una belleza hipnótica. Es una pieza fundamental para entender la evolución del cómic de ciencia ficción en el ámbito hispanohablante, alejándose del entretenimiento puro para reclamar su lugar como un medio capaz de abordar las preguntas más profundas de la condición humana bajo el velo de la fantasía espacial. Una obra que exige una lectura pausada para absorber la riqueza de sus detalles y la profundidad de su propuesta conceptual.