Tongue-Lash

Publicado originalmente en 1996 por la editorial Dark Horse Comics, *Tongue-Lash* es una miniserie de dos números que representa una de las colaboraciones más puras y fascinantes entre dos de los autores más visionarios del cómic británico: el guionista Peter Milligan y el artista Brendan McCarthy. Esta obra se sitúa en la intersección del *noir* detectivesco, la psicodelia visual y la sátira social, ofreciendo una experiencia narrativa que desafía las convenciones del género de superhéroes y la ciencia ficción convencional de finales del siglo XX.

La historia se desarrolla en una metrópolis distópica y febril, un entorno urbano que parece extraído de un sueño lúcido o de una alucinación inducida por el pop-art. En este escenario, la estética lo es todo y la identidad es un concepto maleable y, a menudo, grotesco. La protagonista, que da nombre al cómic, es Tongue-Lash, una mujer que posee una característica física extraordinaria y perturbadora: una lengua increíblemente larga, prensil y poderosa que utiliza tanto como herramienta de investigación como arma defensiva.

Tongue-Lash no es la heroína convencional. Se mueve por los estratos más extraños de la ciudad como una suerte de investigadora privada o "solucionadora" de problemas en un mundo obsesionado con la apariencia y la perfección superficial. La trama arranca con una búsqueda personal y profesional que la lleva a rastrear a un individuo esquivo en un entorno donde las fronteras entre lo humano, lo artificial y lo puramente imaginario se han disuelto. A través de su periplo, el lector es introducido en una sociedad que rinde culto a la belleza extrema, pero que esconde una podredumbre moral y existencial bajo sus colores chillones.

El guion de Peter Milligan evita las estructuras lineales tradicionales. Fiel a su estilo visto en obras como *Shade, the Changing Man*, Milligan infunde el relato con una prosa densa, cargada de reflexiones sobre el deseo, la alienación y la naturaleza del yo. La narrativa no se limita a contar una historia de búsqueda, sino que explora cómo los personajes se definen a través de sus obsesiones y sus deformidades, ya sean físicas o psicológicas. Tongue-Lash, con su apéndice desmesurado, se convierte en una metáfora de la comunicación interrumpida y del hambre insaciable de conexión en una ciudad que ha olvidado cómo ser humana.

Sin embargo, es imposible hablar de *Tongue-Lash* sin centrarse en el apartado visual de Brendan McCarthy. El dibujo no es un mero acompañamiento, sino el motor principal de la obra. McCarthy utiliza una paleta de colores vibrante, casi agresiva, que rompe con el realismo sombrío que predominaba en el cómic adulto de la época. Sus diseños de personajes son una mezcla de alta costura, surrealismo daliniano y estética *punk*. La arquitectura de la ciudad y la composición de las viñetas crean una sensación de

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