Tim Oruno, la obra magna del autor e ilustrador español Fran Galán, se erige como una de las propuestas más ambiciosas y visualmente deslumbrantes de la ciencia ficción contemporánea en el panorama del cómic europeo. Publicada originalmente bajo el sello de Dibbuks, esta novela gráfica no es solo una aventura espacial, sino un ejercicio de construcción de mundos (*world-building*) que bebe de las fuentes clásicas del género para transformarlas en algo vibrante, dinámico y profundamente personal.
La historia nos sitúa en un universo vasto y heterogéneo, donde la tecnología de vanguardia convive con vestigios de civilizaciones antiguas y una mística casi tangible. El protagonista que da nombre a la obra, Tim Oruno, es un joven piloto y buscador de tesoros que vive a la sombra de una leyenda: la de su padre, un explorador de renombre que desapareció en circunstancias misteriosas. Tim no es el héroe invulnerable de las epopeyas espaciales de antaño; es un personaje definido por su determinación, pero también por sus dudas y por el peso de un legado que no está seguro de querer —o poder— reclamar.
La trama arranca cuando Tim, acompañado por su inseparable y carismático compañero robótico, se ve envuelto en una carrera contra el tiempo y contra diversas facciones galácticas. El motor de la narrativa es la búsqueda de un artefacto o conocimiento ancestral que podría cambiar el equilibrio de poder en la galaxia. Sin embargo, Galán evita los tropos más manidos del género al centrar el conflicto no solo en la escala macroscópica de las batallas estelares, sino en el viaje interior del protagonista. La búsqueda de su padre se convierte en el hilo conductor que guía al lector a través de planetas exóticos, estaciones espaciales decadentes y ecosistemas alienígenas diseñados con una minuciosidad asombrosa.
Desde el punto de vista artístico, *Tim Oruno* es un despliegue de maestría técnica. Fran Galán utiliza un estilo que fusiona la elegancia de la línea clara europea con una energía cinética propia del cómic estadounidense y la expresividad del manga. El diseño de personajes es rico y variado, huyendo de los diseños genéricos para ofrecer criaturas y naves que poseen una identidad visual única. El uso del color merece una mención aparte: Galán emplea paletas cromáticas que no solo definen la atmósfera de cada escenario, sino que narran por sí mismas, utilizando contrastes lumínicos para enfatizar la soledad del espacio o la exuberancia de mundos desconocidos.
El universo de la obra está regido por conceptos como el "Kala", una suerte de energía o filosofía que impregna la realidad y que añade una capa de profundidad metafísica a la aventura. Este elemento permite que el cómic explore temas como la conexión entre los seres vivos, la responsabilidad del avance tecnológico y la preservación de la memoria histórica de los pueblos. No es simplemente una sucesión de escenas de acción; es una reflexión sobre el lugar del individuo en un cosmos infinito y a menudo hostil.
La estructura narrativa es ágil, con un ritmo que sabe alternar las secuencias de persecución y combate con momentos de pausa necesarios para el desarrollo de los personajes. Los diálogos son directos y efectivos, permitiendo que la narrativa visual cargue con el peso de la exposición, algo que solo los grandes narradores gráficos logran con éxito. Tim Oruno se rodea de un elenco de secundarios que, lejos de ser meros comparsas, aportan matices sobre la situación política y social de la galaxia, mostrando un mundo que se siente "vivo" y con una historia que precede al inicio de la lectura.
En conclusión, *Tim Oruno* es una pieza fundamental para entender la evolución