Tierras Rotas

Tierras Rotas, con guion de El Torres y dibujo de Vicente Cifuentes, se erige como una de las propuestas más sólidas y crudas dentro de la fantasía oscura del panorama del cómic español contemporáneo. La obra nos sumerge en un mundo que ha dejado atrás su época de esplendor para convertirse en un erial de desesperanza, donde la supervivencia no es un derecho, sino una lucha agónica diaria.

La premisa nos sitúa en un escenario post-apocalíptico de corte medieval-fantástico. El mundo, tal como se conocía, ha sido fracturado. No se trata solo de una división geográfica, sino de una ruptura metafísica y social. Los dioses, si es que alguna vez existieron o se preocuparon por la humanidad, han abandonado estas tierras, dejando tras de sí un vacío que ha sido llenado por la violencia, la superstición y los ecos de una magia antigua y corrupta que devora todo lo que toca.

La narrativa sigue los pasos de un grupo de personajes heterogéneos, cuyas vidas están marcadas por la pérdida y la necesidad de redención. El eje central de la historia no es la clásica búsqueda del héroe que intenta salvar el mundo, sino la crónica de aquellos que intentan encontrar un propósito en un lugar que parece haberlo perdido todo. El Torres huye de los tropos edulcorados de la alta fantasía para abrazar una narrativa mucho más cercana a la espada y brujería clásica, pero pasada por un tamiz de realismo sucio y existencialismo.

El mundo de Tierras Rotas está habitado por facciones enfrentadas, señores de la guerra que reclaman soberanía sobre ruinas y criaturas que son el resultado de la degradación del entorno. La construcción del mundo (*worldbuilding*) se realiza de manera orgánica; el lector descubre la historia de la fractura a través de los diálogos, los silencios y, sobre todo, a través del paisaje. La geografía del cómic es un personaje en sí mismo: desiertos de ceniza, bosques petrificados y ciudades que son esqueletos de una gloria pasada.

En el apartado visual, Vicente Cifuentes despliega un trabajo magistral que define la identidad de la obra. Su estilo, detallado y dinámico, es capaz de captar tanto la escala épica de los enfrentamientos como la intimidad de los momentos de derrota. El diseño de personajes es deliberadamente tosco y funcional, reflejando el desgaste físico y mental de los protagonistas. Las armaduras están melladas, las ropas están sucias y los rostros muestran las cicatrices de un mundo que no perdona errores. El uso de las sombras y la composición de página refuerzan esa sensación de opresión constante, donde el peligro acecha en cada rincón del panel.

Uno de los puntos más destacados del cómic es su tratamiento de la violencia. No es gratuita ni estilizada para el espectáculo, sino que se presenta como una consecuencia inevitable del entorno. Cada enfrentamiento tiene un peso, cada herida tiene consecuencias. Esta crudeza ayuda a que el lector empatice con la vulnerabilidad de los personajes, elevando las apuestas emocionales de la trama.

Tierras Rotas no es solo una historia de supervivencia; es una exploración sobre la memoria y el legado. A medida que la trama avanza, se plantean preguntas sobre qué queda de nosotros cuando las estructuras de la civilización se derrumban y si es posible construir algo nuevo sobre los cimientos de un mundo roto. La obra evita las respuestas fáciles y los maniqueísmos, ofreciendo una escala de grises donde la moralidad es un lujo que pocos pueden permitirse.

En conclusión, este cómic es una pieza imprescindible para los amantes del género que buscan una lectura madura, visualmente impactante y narrativamente densa. El Torres y Cifuentes logran crear una atmósfera de desolación absoluta que, paradójicamente, resulta fascinante de explorar. Es un viaje a través de las ruinas de la humanidad, donde la única luz parece ser la voluntad inquebrantable de seguir caminando, incluso cuando no queda un destino claro al que llegar.

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