Tiburcio y Cogollo 1-5

La serie de historietas Tiburcio y Cogollo, creada por el prolífico autor Enrique Cerdán, representa uno de los pilares fundamentales de la denominada "Escuela Valenciana" del cómic español. Publicada originalmente en las páginas de la mítica revista *Jaimito* de la Editorial Valenciana, esta obra se erige como un testimonio gráfico de una época y un estilo de humor que marcó a varias generaciones de lectores. Los números o entregas del 1 al 5 de esta colección no solo establecen las bases de la dinámica entre sus protagonistas, sino que consolidan el lenguaje visual y narrativo de Cerdán.

La premisa de la obra se articula en torno a la clásica estructura del dúo cómico contrapuesto, una fórmula de éxito probado en la literatura y el cine que Cerdán adapta con maestría al medio del tebeo. Tiburcio, el personaje que lidera la pareja, se presenta como un individuo alto, espigado, de nariz prominente y facciones afiladas, generalmente ataviado con un sombrero que refuerza su aire de superioridad intelectual (a menudo infundada). Es el estratega, el hombre de los planes y el que asume el rol de "cerebro" en sus andanzas. Por el contrario, Cogollo es su antítesis física y psicológica: de baja estatura, complexión redondeada y carácter dócil, actúa como el eterno subordinado que, de manera sistemática, acaba sufriendo las consecuencias físicas de los errores de su compañero.

Desde el punto de vista narrativo, los primeros cinco volúmenes o episodios de *Tiburcio y Cogollo* se centran en la búsqueda constante de la supervivencia cotidiana, un tema recurrente en el cómic de la posguerra y los años posteriores en España. Los personajes se ven envueltos en situaciones que oscilan entre el costumbrismo urbano y la picaresca. Ya sea intentando conseguir un empleo efímero, buscando una comida gratuita o tratando de medrar socialmente mediante planes disparatados, la estructura de las historias suele seguir un ritmo ascendente de complicaciones que culmina en un desenlace explosivo o frustrante para los protagonistas.

El estilo artístico de Enrique Cerdán en estos números iniciales es digno de un análisis técnico profundo. A diferencia de la "Escuela Bruguera" de Barcelona, caracterizada en ocasiones por un trazo más frenético y cargado, la Escuela Valenciana, y Cerdán en particular, opta por una línea más clara, elegante y equilibrada. El dibujo es extremadamente dinámico; el autor posee una capacidad innata para transmitir el movimiento y la elasticidad de los cuerpos, algo esencial en el humor de tipo *slapstick* (comedia física) que predomina en la obra. Los fondos, aunque a veces minimalistas para centrar la atención en la acción, están ejecutados con una precisión que sitúa perfectamente al lector en la España de mediados del siglo XX.

En estas primeras entregas, se observa una evolución en la definición de los caracteres. Tiburcio no es solo un embaucador, sino un personaje que refleja la frustración de quien se cree destinado a grandes cosas pero se ve atrapado en una realidad mediocre. Cogollo, por su parte, aporta la nota de humanidad y resignación, funcionando como el ancla que mantiene las historias dentro de un marco de empatía para el lector. La interacción entre ambos es el motor de la serie: los diálogos son ágiles, repletos de modismos de la época y juegos de palabras que enriquecen la lectura más allá de la simple broma visual.

Otro aspecto técnico relevante es la composición de la página. Cerdán utiliza una cuadrícula clásica que facilita la lectura fluida, pero sabe romperla cuando la acción lo requiere, utilizando onomatopeyas integradas orgánicamente en el dibujo y líneas de movimiento que guían el ojo del lector con precisión quirúrgica. El uso del espacio en blanco y la distribución de los pesos visuales demuestran que estamos ante un autor en pleno dominio de sus facultades creativas.

En conclusión, los números 1 al 5 de *Tiburcio y Cogollo* no son solo una sucesión de gags humorísticos; son la piedra angular de una de las parejas más recordadas del tebeo valenciano. La obra ofrece una combinación perfecta entre el diseño de personajes icónicos, una narrativa visual impecable y un retrato social tamizado por el humor. Para el estudioso del cómic, estos ejemplares son esenciales para comprender la identidad de la Editorial Valenciana y el talento de Enrique Cerdán como narrador gráfico.

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