Thundercats – Orgullo del enemigo

Dentro del vasto ecosistema de adaptaciones de franquicias de los años 80 al noveno arte, la etapa de WildStorm (sello editorial de DC Comics) a principios de los años 2000 destaca por ofrecer una visión más estilizada, madura y visualmente agresiva de los mitos de Thundera. En este contexto, "ThunderCats: Orgullo del enemigo" (*ThunderCats: Enemy's Pride*), escrita por John Layman y dibujada por el espectacular Brett Booth, se erige como una de las miniseries más interesantes y psicológicamente tensas de la cronología de los felinos cósmicos.

La premisa de la obra parte de una premisa clásica pero ejecutada con una malicia renovada: la comprensión por parte de Mumm-Ra de que la fuerza bruta y los asaltos directos de sus mutantes siempre terminan en fracaso frente a la unidad de los ThunderCats. El "Inmortal" decide entonces cambiar de estrategia, abandonando la pirotecnia mágica en favor de la guerra psicológica y la infiltración. El título del cómic juega con un doble sentido fundamental: el "orgullo" como el grupo social de los leones y el "orgullo" como el pecado capital que puede nublar el juicio de un líder.

La trama se pone en marcha con la aparición de una figura inesperada en el Tercer Planeta: Lion-S, una guerrera de aspecto felino que afirma ser una superviviente del cataclismo de Thundera. Su llegada supone un impacto emocional sísmico para Lion-O. Como joven señor de los ThunderCats, Lion-O carga con la soledad de ser el último de su linaje real y la presión de liderar a un grupo que, en muchos aspectos, sigue viéndolo como el niño que fue antes de que la cápsula de suspensión fallara. Lion-S representa no solo una conexión con su pasado perdido, sino una paritaria, alguien que comprende su carga y que posee una habilidad en combate que rivaliza con la de los mejores guerreros del equipo.

A medida que Lion-S se integra en el Cubil Felino, la narrativa de Layman se centra en la erosión de la confianza. Mientras Lion-O se deja cegar por la posibilidad de no estar solo en su especie, otros miembros del equipo, especialmente Tygra y Cheetara, comienzan a notar inconsistencias. La miniserie explora magistralmente cómo la introducción de un elemento externo puede exacerbar las inseguridades internas de un grupo. El conflicto no se desarrolla solo en el campo de batalla, sino en los pasillos de su base, a través de miradas de sospecha, susurros y la toma de decisiones unilaterales que ponen en jaque la jerarquía establecida.

El apartado visual de Brett Booth es, sin duda, uno de los pilares de esta obra. Booth, conocido por su estilo hiperdetallado y dinámico, redefine la estética de los personajes dotándolos de una anatomía poderosa y felina, alejándose de la suavidad de la animación original para abrazar una estética más cercana al cómic de superhéroes de finales de los 90. Su diseño de Lion-S es magnético y peligroso, logrando que el lector comparta la fascinación de Lion-O pero también la inquietud del resto del equipo. Las escenas de acción son vibrantes, con un uso del espacio que enfatiza la ag

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