Thorinth

*Thorinth*, la obra magna escrita e ilustrada por el artista francés Nicolas Fructus, se erige como uno de los ejercicios de construcción de mundos más fascinantes y opresivos del cómic europeo contemporáneo. Publicada originalmente bajo el sello de Les Humanoïdes Associés, esta serie se aleja de los cánones de la fantasía heroica tradicional para adentrarse en los terrenos de la fantasía oscura, el surrealismo arquitectónico y el horror psicológico.

La premisa de la obra nos sitúa ante la llegada de un personaje enigmático, conocido simplemente como el Inquisidor, a las puertas de Thorinth. Thorinth no es una ciudad, ni un castillo, ni una simple fortaleza; es una estructura colosal, una torre-laberinto de dimensiones imposibles que parece extenderse infinitamente tanto hacia el cielo como hacia las profundidades de la tierra. Este lugar funciona como una prisión, un archivo y un ecosistema propio, regido por leyes físicas y sociales que escapan a la comprensión del mundo exterior.

El Inquisidor llega con una misión aparentemente administrativa y judicial: debe encontrar a un prisionero específico o resolver un enigma burocrático dentro de los niveles de la torre. Sin embargo, desde el momento en que cruza el umbral, la narrativa se transforma en un viaje de descenso (o ascenso) hacia la locura. El protagonista se ve obligado a navegar por una geografía cambiante donde los pasillos se retuercen, las estancias mutan y los habitantes —seres deformados, guardianes autómatas y prisioneros olvidados por el tiempo— parecen formar parte de la propia maquinaria de la torre.

El guion de Fructus destaca por su capacidad para mantener un misterio constante. No se ofrecen respuestas fáciles al lector; en su lugar, se le invita a compartir la desorientación del Inquisidor. La trama avanza a través de encuentros crípticos y el descubrimiento de niveles que representan diferentes estados de degradación o de extraña belleza. La narrativa es densa y exige una atención minuciosa, ya que gran parte de la historia no se cuenta a través de los diálogos, sino a través de la observación del entorno y de la interacción del protagonista con la lógica interna de Thorinth.

Visualmente, *Thorinth* es una proeza técnica. Nicolas Fructus, cuya trayectoria como diseñador conceptual en el cine (trabajando en proyectos como *Arthur y los Minimoys*) es evidente, despliega un estilo artístico abrumador. Su dibujo se caracteriza por un nivel de detalle obsesivo, especialmente en lo que respecta a la arquitectura y la textura de los materiales. La torre se siente orgánica, sucia y antigua. El uso del color es fundamental para establecer la atmósfera: predominan los tonos ocres, grises y sepias, que refuerzan la sensación de claustrofobia y el paso de los siglos sobre la piedra y el metal.

La obra explora temas profundos como la naturaleza de la memoria, la burocracia como forma de tortura existencial y la insignificancia del individuo frente a sistemas de poder inabarcables. Thorinth es, en última instancia, una metáfora de la mente humana o de la historia misma: un lugar donde se acumulan los restos del pasado y donde perderse es la única forma de avanzar.

Para el lector que busca una experiencia inmersiva, *Thorinth* ofrece un desafío visual y narrativo. No es un cómic de acción rápida, sino una obra de atmósfera que requiere ser "habitada". La estructura de la torre se convierte en el verdadero protagonista de la historia, eclipsando incluso las motivaciones de los personajes de carne y hueso. Es una pieza imprescindible para los amantes de la *bande dessinée* que aprecian el trabajo de autores como Schuiten y Peeters (*Las ciudades oscuras*) o la estética de artistas como Enki Bilal, pero con una sensibilidad propia que bascula entre el sueño y la pesadilla industrial. En resumen, *Thorinth* es una exploración gráfica sobre el aislamiento y la inmensidad, un laberinto de papel del que es difícil salir indemne.

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