The Tick

The Tick: La deconstrucción del absurdo heroico

Surgido de la mente de un joven Ben Edlund en 1986, originalmente como una mascota para el boletín de la cadena de tiendas New England Comics, *The Tick* (La Garrapata) evolucionó rápidamente hasta convertirse en una de las series independientes más influyentes y singulares de la historia del medio. Publicado formalmente como serie propia a partir de 1988, este cómic no es solo una parodia del género de superhéroes, sino una exploración surrealista y existencialista de los tropos que definen al "vigilante enmascarado".

La premisa nos presenta a un protagonista cuya fisonomía desafía la lógica: una masa imponente de músculos enfundada en un traje azul brillante, con antenas articuladas y una fuerza física que roza lo ilimitado. Sin embargo, lo que define a The Tick no es su poder, sino su psique. El personaje carece de un origen convencional; no hay un trauma fundacional ni una explicación científica clara para sus habilidades. De hecho, el cómic comienza con el héroe escapando de un hospital psiquiátrico, sugiriendo que su "heroísmo" podría ser tanto una patología mental como una vocación noble. Esta ambigüedad es el motor que impulsa la narrativa de Edlund.

El escenario de sus aventuras es "The City" (La Ciudad), una metrópolis que sirve como microcosmos de todos los clichés del cómic estadounidense. En este entorno, The Tick se autoproclama protector de la justicia, aunque su comprensión de la misma es, en el mejor de los casos, abstracta y, en el peor, delirante. Sus monólogos son piezas de oratoria absurda, cargadas de metáforas inconexas y un entusiasmo maníaco que a menudo desconcierta tanto a aliados como a enemigos. Su grito de guerra, el icónico "¡Spoon!" (¡Cuchara!), resume perfectamente la naturaleza impredecible y carente de sentido solemne de la obra.

El contrapunto necesario a esta fuerza de la naturaleza es Arthur, un excontable que decide abandonar su vida mundana para combatir el crimen utilizando un traje de polilla (que a menudo es confundido con un disfraz de conejo). Arthur es el ancla de realidad en el cómic; es el personaje que se preocupa por la logística, las facturas y la seguridad física, mientras The Tick se lanza de cabeza hacia el peligro sin un plan coherente. La dinámica entre ambos es una de las relaciones más ricas del cómic independiente, representando el choque entre el idealismo ciego y la vulnerabilidad humana.

A diferencia de los cómics de la época (finales de los 80), que tendían hacia el realismo sucio y la oscuridad de obras como *Watchmen* o *The Dark Knight Returns*, *The Tick* optó por una sátira vibrante y descarada. Edlund utiliza a los villanos para ridiculizar las convenciones del género. Antagonistas como Chairface Chippendale (un criminal con una silla por cabeza) o El Seed (una planta humanoide con delirios de grandeza) no son solo amenazas, sino comentarios satíricos sobre la arbitrariedad de los diseños y motivaciones de los supervillanos clásicos.

Visualmente, el cómic destaca por el trazo detallado y dinámico de Edlund, quien logra transmitir una sensación de escala masiva y caos cinético. A pesar de su tono humorístico, el dibujo mantiene una calidad técnica que rivaliza con las grandes editoriales, lo que refuerza la parodia al presentar situaciones ridículas con la seriedad visual de un drama épico.

En resumen, *The Tick* es una obra esencial para entender la evolución del cómic independiente. Es una crítica mordaz a la figura del superhéroe como semidiós, transformándolo en una figura de puro entusiasmo infantil y desconexión lógica. Sin recurrir a la violencia gratuita o al cinismo fácil, Ben Edlund construyó un universo donde lo absurdo es la única regla y donde la verdadera aventura reside en la incapacidad del héroe para comprender el mundo que intenta salvar. Es, en última instancia, una celebración de la imaginación sin filtros y un recordatorio de que, a veces, la justicia no necesita un origen trágico, solo una mandíbula prominente y un grito de guerra sin sentido.

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