The Strain: Mister Quinlan – Vampire Hunter es una pieza fundamental dentro del universo expandido de la trilogía literaria creada por Guillermo del Toro y Chuck Hogan. Publicada por la editorial Dark Horse Comics, esta miniserie de cinco números profundiza en el pasado de uno de los personajes más enigmáticos, letales y carismáticos de la franquicia: el guerrero conocido como Quinlan. Escrita por David Lapham e ilustrada por Edgar Salazar, la obra se aleja del apocalipsis vampírico contemporáneo para explorar las raíces de una enemistad milenaria que ha moldeado el destino de la humanidad desde las sombras.
La premisa del cómic se centra en la naturaleza única de su protagonista. Quinlan no es un vampiro común, ni tampoco un ser humano. Es "El Nacido" (The Born), un híbrido resultado de una atrocidad cometida por El Maestro, el antagonista principal de la saga. Esta condición biológica le otorga las habilidades físicas sobrehumanas de los *strigoi* —fuerza devastadora, velocidad refleja y una longevidad prácticamente infinita— pero sin las debilidades tradicionales que afligen a su especie, como la vulnerabilidad a la luz solar o la pérdida del libre albedrío. Sin embargo, este "don" es también su mayor maldición, marcándolo como un paria absoluto, rechazado por los hombres y perseguido por su propia estirpe.
La narrativa nos transporta a través de los siglos, funcionando como una crónica histórica que detalla la evolución de Quinlan desde su "nacimiento" hasta convertirse en el cazador definitivo. El relato comienza en los tiempos del Imperio Romano, un escenario donde la brutalidad es la norma y donde Quinlan encuentra en las arenas de gladiadores el lugar perfecto para perfeccionar sus habilidades de combate. A diferencia de la serie principal de *The Strain*, que se enfoca en la supervivencia colectiva de la especie humana frente a una pandemia biológica, este cómic es una odisea personal de venganza y búsqueda de identidad.
Uno de los puntos más destacados del guion de David Lapham es la exploración de la soledad inherente a la inmortalidad. A lo largo de las páginas, observamos cómo Quinlan atraviesa diferentes épocas, viendo caer imperios y morir a generaciones enteras mientras su único propósito permanece inalterable: la destrucción del Maestro. La obra examina la carga psicológica de ser un arma biológica con conciencia; un ser diseñado originalmente para ser el heraldo del mal que elige, por pura voluntad y un odio visceral, luchar por una justicia que le es ajena. El cómic también arroja luz sobre la relación de Quinlan con los Ancianos, los vampiros originales que mantienen un frágil equilibrio de poder y que ven en "El Nacido" tanto una herramienta necesaria como una anomalía peligrosa.
En el apartado visual, Edgar Salazar logra capturar con precisión el tono sombrío y visceral que requiere la historia. El dibujo es detallado y respeta la estética establecida en las adaptaciones previas, pero aporta una riqueza histórica notable al recrear con rigor desde la arquitectura de la antigua Roma hasta los callejones de siglos posteriores. El diseño de Quinlan mantiene esa apariencia estoica y amenazante, enfatizando su fisonomía única y su mirada carente de humanidad pero llena de determinación. Las escenas de acción son crudas, dinámicas y sangrientas, refle