*The Squidder*, escrita e ilustrada por el aclamado artista Ben Templesmith, es una obra que amalgama de manera visceral el horror cósmico, la ciencia ficción post-apocalíptica y el género de la fantasía oscura. Publicada originalmente tras una exitosa campaña de micromecenazgo y posteriormente bajo el sello de IDW Publishing, esta novela gráfica representa una de las visiones más personales y estéticamente puras de su autor, conocido por su trabajo en *30 Days of Night* y *Fell*.
La premisa de *The Squidder* nos sitúa en un futuro desolador donde la humanidad ha dejado de ser la especie dominante. Décadas atrás, la Tierra fue invadida por "los Calamares" (The Squid), una raza de entidades alienígenas de dimensiones colosales y naturaleza inescrutable, cuya llegada no supuso una guerra de conquista tradicional, sino una reconfiguración total de la realidad biológica y espiritual del planeta. Estos seres, que evocan inevitablemente el horror lovecraftiano, han corrompido el ecosistema, convirtiendo el mundo en un páramo donde la tecnología humana ha sido suplantada por una biomecánica grotesca y parasitaria.
El protagonista de la historia es uno de los últimos "Squidders". En el apogeo del conflicto, los Squidders eran una unidad de élite de soldados modificados genéticamente y equipados con implantes experimentales, diseñados específicamente para ser la última línea de defensa contra los invasores. Sin embargo, la resistencia fracasó estrepitosamente. El protagonista es ahora un anacronismo viviente, un veterano cínico y cansado que sobrevive en un mundo que ha olvidado la libertad y que, en gran medida, ha aceptado su servidumbre ante los nuevos amos interdimensionales.
La narrativa no se construye sobre la esperanza de una victoria heroica, sino sobre la inercia de un guerrero que no sabe hacer otra cosa que luchar. El Squidder vaga por paisajes desérticos y ciudades en ruinas, actuando como mercenario y enfrentándose tanto a las aberraciones creadas por los alienígenas como a los cultos humanos que ahora adoran a los Calamares como si fueran deidades. La trama se pone en marcha cuando una misión aparentemente rutinaria lo obliga a confrontar su pasado y la naturaleza de las modificaciones que corren por sus venas, llevándolo a un viaje que explora los restos de la civilización y la profundidad de la corrupción alienígena.
Desde el punto de vista artístico, *The Squidder* es un festín visual que aprovecha al máximo el estilo distintivo de Templesmith. Su dibujo es sucio, etéreo y profundamente atmosférico, caracterizado por el uso de texturas orgánicas que transmiten una sensación constante de descomposición y humedad. La paleta de colores es fundamental: tonos tierra, grises industriales y verdes tóxicos se mezclan con estallidos de neón y sombras densas, creando una estética que se siente simultáneamente antigua y futurista. La representación de la tecnología "squid" es especialmente notable, presentándose no como máquinas, sino como crecimientos cancerígenos y estructuras de carne y quitina.
Temáticamente, el cómic profundiza en la obsolescencia y el trauma. El protagonista es la encarnación de una era muerta, un arma diseñada para una guerra que