The Monigoty

El despertar de la tinta: Una inmersión en 'The Monigoty' de Iban Coello

En el vasto y a menudo saturado panorama del cómic contemporáneo, donde los superhéroes de capas relucientes y las epopeyas de ciencia ficción parecen dominar cada estante, surge de vez en cuando una obra que decide romper las reglas del juego desde su base más elemental. *The Monigoty*, la creación personal del aclamado dibujante español Iban Coello, es precisamente ese tipo de rareza: un ejercicio de metanarrativa, humor y existencialismo que redefine lo que significa ser un personaje de papel y tinta.

Iban Coello, conocido internacionalmente por su espectacular trabajo en Marvel Comics (en títulos como *Venom*, *Fantastic Four* o *Black Cat*), aparca aquí el hiperrealismo dinámico de los justicieros estadounidenses para entregarnos un proyecto que nace del corazón y de la pura experimentación visual. *The Monigoty* no es solo un cómic; es una carta de amor —y a veces una de queja humorística— al proceso creativo mismo.

La premisa de la obra nos presenta a su protagonista homónimo, "Monigoty", un personaje que, como su nombre indica, es la representación más básica de la figura humana: un dibujo de palotes, un monigote. Sin embargo, este ser bidimensional habita un mundo que no siempre es tan simple como él. La historia arranca cuando Monigoty cobra conciencia de su propia naturaleza. No es un héroe destinado a salvar el mundo, ni un villano con un plan maestro; es, simplemente, un dibujo en una página.

A partir de este despertar, la obra se convierte en un viaje fascinante a través de las viñetas. Monigoty comienza a interactuar no solo con su entorno, sino con los elementos físicos del medio: los márgenes de la página, las burbujas de texto, las manchas de tinta y, lo más importante, con la mano invisible (y a veces visible) de su Creador. Esta dinámica entre el artista y la obra es el eje central de la narrativa. A través de diálogos ingeniosos y situaciones que rozan el absurdo, Coello explora la lucha de un personaje que busca su identidad en un universo donde las leyes de la física son dictadas por la punta de un lápiz.

Visualmente, *The Monigoty* es un triunfo de la composición. El contraste es la herramienta principal de Coello: mientras que el protagonista es minimalista y esquemático, los fondos y los elementos que lo rodean suelen estar dotados de un nivel de detalle asombroso, propio del talento técnico que ha hecho famoso al autor. Esta yuxtaposición no es gratuita; sirve para resaltar la alienación de Monigoty y su constante sensación de no encajar en un mundo que parece "demasiado real" o "demasiado complejo" para alguien hecho de cuatro trazos.

El tono de la obra es una mezcla magistral de comedia *slapstick* y reflexión filosófica. Por un lado, asistimos a gags visuales brillantes donde el protagonista sufre las consecuencias de los errores del dibujante o de los cambios de estilo improvisados. Por otro, subyace una pregunta que resuena en cualquier lector: ¿Qué control tenemos realmente sobre nuestra propia historia? Monigoty, en su sencillez, se convierte en un espejo del ser humano frente al destino, cuestionando constantemente por qué está aquí y cuál es su propósito más allá de entretener a quien sostiene el libro.

Sin caer en el *spoiler*, se puede decir que la narrativa de *The Monigoty* evoluciona de forma sorprendente. Lo que comienza como una serie de tiras o situaciones autoconclusivas va tejiendo una trama más profunda que desafía la estructura lineal del cómic tradicional. Coello juega con la "cuarta pared" no solo para romperla, sino para demolerla por completo, invitando al lector a ser cómplice de las desventuras de este pequeño ser de tinta.

En resumen, *The Monigoty* es una lectura esencial para cualquier amante del noveno arte que busque algo fresco, inteligente y visualmente estimulante. Es una obra que demuestra que no se necesitan armaduras complejas ni superpoderes cósmicos para contar una historia poderosa; a veces, solo hace falta un lápiz, un papel y un monigote con muchas ganas de saber quién es. Iban Coello nos regala aquí su faceta más libre y creativa, recordándonos que, en el mundo del cómic, el único límite es el borde de la página.

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