*The Lost City Explorers*, escrita por Zack Kaplan e ilustrada por Alvaro Sarraseca, es una propuesta de AfterShock Comics que revitaliza el género de aventuras y misterio bajo una lente contemporánea y urbana. La obra se aleja de los tropos clásicos de exploradores con sombreros de ala ancha en selvas remotas para situar la acción en las entrañas de una metrópolis moderna, utilizando la subcultura de la exploración urbana (Urbex) como motor narrativo y estético.
La trama arranca con un evento traumático y catalizador: la misteriosa desaparición de un renombrado arqueólogo y experto en mitos antiguos. Su hija, Helina, se niega a aceptar la versión oficial de los hechos, que sugiere un accidente o un abandono. Impulsada por la necesidad de respuestas y por fragmentos de investigaciones que su padre dejó atrás, Helina convence a su hermana y a un grupo de amigos cercanos para emprender una búsqueda que los llevará más allá de los límites permitidos por la ley y la lógica geográfica.
El núcleo del cómic reside en la premisa de que las leyendas no están enterradas en continentes lejanos, sino que yacen ocultas bajo el asfalto, las alcantarillas y los túneles de metro de la ciudad de Nueva York. Kaplan construye un relato donde el escepticismo juvenil choca frontalmente con la posibilidad de lo imposible. El grupo de protagonistas no son expertos ni héroes entrenados; son adolescentes y jóvenes adultos lidiando con problemas personales, deudas y un futuro incierto, lo que añade una capa de realismo y vulnerabilidad a la expedición.
A medida que se adentran en las profundidades, la historia explora el concepto de la "Ciudad Perdida", que en este contexto funciona como una reinterpretación del mito de la Atlántida. Sin embargo, el enfoque no es puramente fantástico desde el inicio. El guion se toma su tiempo para establecer la atmósfera de claustrofobia y peligro que conlleva la exploración de infraestructuras abandonadas. La tensión se deriva tanto de los peligros físicos del entorno (derrumbes, gases, inundaciones) como de la creciente paranoia de ser perseguidos por fuerzas que desean mantener el secreto de la ciudad oculto.
Visualmente, el trabajo de Alvaro Sarraseca es fundamental para sostener la narrativa. Su estilo logra un equilibrio preciso entre el realismo sucio de los callejones y túneles neoyorquinos y la grandiosidad arquitectónica de los restos arqueológicos que el grupo comienza a vislumbrar. El diseño de personajes es distintivo, permitiendo que cada miembro del grupo tenga una identidad visual clara que refleja su personalidad y su rol dentro de la dinámica del equipo. El uso de las sombras y la iluminación es clave, ya que gran parte de la historia transcurre en entornos subterráneos donde la única fuente de luz son las linternas de los protagonistas, lo que acentúa la sensación de descubrimiento y aislamiento.
*The Lost City Explorers* también funciona como un relato de formación (*coming-of-age*). A través del viaje físico hacia lo desconocido, los personajes enfrentan sus propios miedos y la transición hacia la madurez. La pérdida del padre de Helina actúa como el fin de la inocencia, obligando al grupo a cuestionar la historia establecida y a asumir responsabilidades que superan su experiencia previa. La dinámica entre los amigos es orgánica, mostrando lealtades puestas a prueba y conflictos internos que enriquecen el avance de la trama.
En resumen, este cómic es una exploración sobre la curiosidad humana y el deseo de encontrar maravillas en un mundo que parece haber sido ya totalmente cartografiado. Sin recurrir a giros innecesarios, Kaplan y Sarraseca entregan una historia sólida de suspense y aventura que reivindica el sentido de la maravilla oculto bajo nuestros pies, manteniendo siempre el foco en el factor humano y en el peso emocional de los secretos familiares. Es una lectura esencial para quienes buscan una narrativa de misterio que combine la arqueología clásica con la adrenalina de la exploración urbana moderna.