The Goon Vol1

The Goon, la obra maestra creada, escrita e ilustrada por Eric Powell, se erige como una de las propuestas más singulares y refrescantes del cómic independiente de las últimas décadas. El primer volumen de esta serie no solo establece las bases de un universo narrativo propio, sino que define un género híbrido que Powell denomina con acierto como "burlesque de terror". Situado en una intersección imposible entre el cine negro de los años 30, el horror gótico de la Universal y el humor más gamberro y surrealista, este tomo inicial nos introduce en un mundo donde lo cotidiano y lo monstruoso coexisten bajo una pátina de suciedad y melancolía.

La historia se desarrolla en una ciudad sin nombre, un entorno urbano decadente y anacrónico que parece atrapado en una Gran Depresión perpetua. El protagonista, conocido simplemente como The Goon (El Bruto), es un hombre de físico imponente, mandíbula cuadrada y rostro marcado por las cicatrices de mil batallas. Lejos de ser el típico héroe de mandíbula batiente, Goon ejerce como el brazo ejecutor de una organización criminal liderada por el temible Labrazio. Sin embargo, tras esta fachada de matón a sueldo se esconde un código ético inquebrantable y una misión mucho más compleja: proteger a los ciudadanos de "Lonely Street" de las amenazas sobrenaturales que acechan en las sombras.

El conflicto central de este primer volumen gira en torno a la llegada del Sacerdote Zombi, un antagonista pálido y enigmático que se establece en el cementerio local con el objetivo de levantar un ejército de muertos vivientes. A diferencia de otros relatos de zombis, aquí los no-muertos no son solo una fuerza de la naturaleza, sino una herramienta política y criminal que amenaza el control territorial de la mafia de Labrazio. La lucha por el poder entre el Sacerdote y Goon se convierte en el eje motor de la trama, desencadenando una serie de enfrentamientos que mezclan la violencia cruda con situaciones de un absurdo hilarante.

Acompañando a Goon encontramos a Franky, su inseparable compañero y alivio cómico. Franky es un hombre de baja estatura, temperamento volátil y una lealtad absoluta hacia Goon. Su dinámica es el corazón emocional del cómic; mientras Goon representa la fuerza estoica y el peso del pasado, Franky aporta una energía maníaca y diálogos punzantes que rompen la tensión en los momentos más oscuros. Juntos, forman un dúo dinámico que debe lidiar no solo con zombis, sino con científicos locos, fantasmas, monstruos marinos y otras aberraciones que Powell introduce con una imaginación desbordante.

Uno de los aspectos más destacados de este volumen es el arte de Eric Powell. En estas primeras páginas, el lector es testigo de la evolución de un estilo que combina la caricatura exagerada con un dominio magistral del claroscuro. Powell utiliza las sombras para evocar la atmósfera del *film noir*, creando composiciones que resultan tan inquietantes como visualmente impactantes. El diseño de personajes es grotesco y detallado, logrando que cada criatura y cada habitante de la ciudad tenga una personalidad visual distintiva. La narrativa visual es ágil, alternando entre secuencias de acción frenética y momentos de pausa donde el entorno cobra un protagonismo casi tangible.

Este primer volumen también introduce el misterio que rodea a la figura de Labrazio. A través de sutiles pistas y una narrativa fragmentada, Powell sugiere que la relación entre Goon y su jefe no es tan sencilla como parece, sembrando las semillas de una mitología que se expandirá en entregas posteriores. El cómic no teme saltar de la comedia slapstick a la tragedia más profunda, manteniendo siempre un equilibrio precario que mantiene al lector descolocado pero fascinado.

En resumen, The Goon Vol. 1 es una carta de presentación contundente. Es una obra que rechaza las etiquetas fáciles y que se deleita en su propia excentricidad. Para el lector que busca algo alejado de los tropos convencionales del cómic de superhéroes, este tomo ofrece un viaje a un mundo de callejones oscuros, tabernas de mala muerte y horrores indescriptibles, todo ello servido con una generosa dosis de puñetazos y un humor negro que se queda grabado en la memoria. Es, en esencia, la crónica de un hombre corriente enfrentado a lo extraordinario, armado únicamente con su fuerza bruta y una voluntad de hierro.

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