The Establishment: La respuesta británica al caos de WildStorm
Dentro del vasto y a menudo convulso panorama del sello WildStorm, fundado por Jim Lee y posteriormente integrado en DC Comics, existen obras que, pese a no gozar de la fama mediática de *The Authority* o *WildC.A.T.s*, constituyen piezas fundamentales para entender la arquitectura de su universo de ficción. *The Establishment*, escrita por el guionista británico Ian Edginton y dibujada por un entonces emergente Charlie Adlard (quien años más tarde alcanzaría el estrellato mundial con *The Walking Dead*), es precisamente una de esas joyas de culto que expanden los límites del género de superhéroes hacia el terreno del espionaje, la ciencia ficción dura y el horror metafísico.
Publicada originalmente entre 2001 y 2002, la serie se sitúa en un contexto donde el mundo ha sido testigo del ascenso de seres con poderes casi divinos que han decidido intervenir directamente en la política global. Mientras que grupos como *The Authority* operan desde una escala transdimensional y con una agenda de "vigilancia global", el Reino Unido decide que no puede permitirse quedar a merced de intereses extranjeros o de entidades que escapan a su control soberano. Así nace *The Establishment*, una organización secreta vinculada a la inteligencia británica cuya misión es gestionar amenazas que la tecnología convencional y el ejército estándar simplemente no pueden comprender.
La narrativa de Edginton se aleja de los tropos tradicionales del "equipo de superhéroes" para adentrarse en una estructura de procedimental de inteligencia. El grupo no es una liga de justicieros, sino un equipo de activos estatales, cada uno con habilidades que bordean lo bizarro y lo perturbador. Entre sus filas encontramos a personajes como Jonni Rocket, una velocista cuya naturaleza desafía las leyes de la física; The Golden, un ser de poder incalculable pero con una psique fragmentada; Scarlet, capaz de manipular energías a niveles moleculares; Equus, un ciborg de combate de última generación; y V-Man, una entidad compuesta por virus inteligentes. El equipo está coordinado por Charlie, una conciencia incorpórea que reside en los sistemas informáticos, lo que añade una capa de deshumanización y eficiencia burocrática a sus operaciones.
Uno de los puntos más fuertes de la obra es su capacidad para entrelazar la mitología interna de WildStorm con la historia secreta de Gran Bretaña. Edginton utiliza la serie para explorar las consecuencias de experimentos fallidos del pasado, conspiraciones que datan de la Guerra Fría y la intrusión de realidades alternativas. La trama no se limita a enfrentamientos físicos; se sumerge en el concepto de la "información como arma" y en cómo el poder absoluto corrompe no solo a los individuos, sino a las instituciones que intentan contenerlo.
Visualmente, el trabajo de Charlie Adlard es sobrio y efectivo. Su estilo, caracterizado por un uso magistral de las sombras y una narrativa visual clara, dota a la serie de una atmósfera de realismo sucio que contrasta con los conceptos de alta ciencia ficción que maneja el guion. Adlard logra que lo extraordinario parezca tangible y peligroso, alejándose de la estética "pulp" o excesivamente colorida para abrazar un tono de thriller conspiranoico.
*The Establishment* funciona como un espejo oscuro de la era de los "superhéroes intervencionistas". A través de sus trece números, la serie plantea preguntas incómodas sobre la soberanía nacional en un mundo de dioses y monstruos, y sobre el precio que una nación está dispuesta a pagar para mantener su relevancia en el tablero mundial. Es una lectura imprescindible para quienes buscan una narrativa densa, inteligente y despojada de los clichés del género, ofreciendo una visión única de lo que significa ser un héroe cuando tu único jefe es el Estado y tu campo de