Tex

Tex Willer: El Eterno Guardián de la Frontera

Hablar de *Tex* es hablar de la columna vertebral del cómic europeo y de uno de los fenómenos más longevos y exitosos de la narrativa gráfica mundial. Creado en 1948 por el guionista Gian Luigi Bonelli y el dibujante Aurelio Galleppini (Galep), este personaje no es solo un vaquero; es una institución cultural que ha sobrevivido a modas y cambios generacionales, manteniendo intacta su esencia de justiciero implacable en el indómito Oeste americano.

La serie nos presenta a Tex Willer, un hombre cuya vida es un complejo equilibrio entre dos mundos. Por un lado, es un hábil y respetado Ranger de Texas, un agente de la ley que recorre los territorios fronterizos para imponer el orden. Por otro, es "Águila de la Noche", el jefe blanco de los Navajos y su agente indio oficial. Esta dualidad define la riqueza del personaje: Tex no sirve a la ley de forma ciega, sino que sirve a la justicia. Si la ley es injusta o está corrompida por burócratas y políticos, Tex no duda en saltársela para proteger a los oprimidos, ya sean colonos indefensos o tribus nativas víctimas del racismo y la ambición.

El universo de *Tex* se sustenta en una mitología propia, donde el protagonista rara vez viaja solo. Lo acompañan sus inseparables "pards", un grupo que forma una familia por elección y armas. El más icónico es Kit Carson, un Ranger veterano, irónico y cascarrabias, que sirve de contrapunto perfecto a la determinación de Tex. A ellos se unen Kit Willer, el hijo de Tex, que hereda la puntería y el valor de su padre, y Tiger Jack, un guerrero navajo cuya lealtad y habilidades de rastreo son legendarias. Juntos, este cuarteto se enfrenta a una variedad de amenazas que van mucho más allá de los simples duelos al sol.

Lo que diferencia a *Tex* de otros *westerns* convencionales es su asombrosa capacidad para hibridar géneros. Aunque el núcleo es la aventura en la frontera, las historias a menudo se adentran en el suspenso, el drama bélico, la intriga política e incluso el horror sobrenatural. A lo largo de sus miles de páginas, Tex ha luchado contra bandas de forajidos y terratenientes despiadados, pero también contra sociedades secretas, científicos locos y poderosos brujos, siendo el tenebroso Mefisto su némesis más recurrente y fascinante.

Visualmente, el cómic estableció lo que hoy conocemos como el "estilo Bonelli": una narrativa clara, cinematográfica y detallada, originalmente publicada en blanco y negro, lo que acentúa las sombras de los cañones y la dureza de los rostros curtidos por el sol de Arizona. La ambientación geográfica es otro de los puntos fuertes; aunque su base está en la reserva Navajo, las aventuras de Tex lo han llevado desde las gélidas tierras del Canadá hasta las selvas de México y las selvas de Sudamérica, siempre bajo un rigor histórico que, si bien se permite licencias narrativas, respeta el espíritu de la época.

Ideológicamente, *Tex* fue un cómic adelantado a su tiempo. Desde sus inicios en la posguerra italiana, mostró una sensibilidad especial hacia los derechos de los nativos americanos, retratándolos no como salvajes, sino como pueblos con honor y cultura, víctimas de la expansión desmedida. Tex Willer es el puente entre esos dos mundos, un hombre que no teme usar sus revólveres Colt para defender la dignidad humana, sin importar el color de la piel.

En resumen, leer *Tex* es sumergirse en una epopeya sobre la amistad, el honor y la lucha eterna contra la tiranía. Es un cómic que celebra la aventura pura, donde el bien y el mal están claramente definidos por las acciones, y donde el héroe, con su característica camisa amarilla y su pañuelo negro, siempre tiene una bala lista para aquellos que intentan pisotear a los débiles. Es, en definitiva, el estándar de oro del *western* en el noveno arte.

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