Templario, la obra escrita y dibujada por el autor valenciano Víctor Santos, representa una de las incursiones más personales y estilísticamente definidas dentro del panorama del cómic histórico y de aventuras español de la primera década de los 2000. Publicada originalmente por Planeta DeAgostini, esta novela gráfica se aleja de la hagiografía o del relato épico convencional para sumergirse en una narrativa que hibrida el rigor histórico con elementos del género negro y el horror sobrenatural, todo bajo el prisma visual inconfundible de su creador.
La trama se sitúa en un momento crítico de la historia europea: el inicio del siglo XIV, concretamente en el año 1307. El contexto es el desmantelamiento de la Orden del Temple por orden del rey Felipe IV de Francia, apodado «el Hermoso», y el papa Clemente V. Sin embargo, Santos no opta por una visión panorámica de los grandes ejércitos, sino que focaliza la acción en la figura de Xavier, un caballero templario que regresa de las Cruzadas a una Europa que ya no reconoce y que ha decidido exterminar a los suyos. Xavier no es el arquetipo de héroe inmaculado; es un hombre cansado, marcado por la violencia de Tierra Santa y poseedor de un secreto que trasciende la política terrenal.
El núcleo narrativo de *Templario* se construye sobre la persecución. Tras la fatídica noche del viernes 13 de octubre, donde los miembros de la orden son arrestados bajo acusaciones de herejía, sodomía y adoración de ídolos paganos, Xavier se convierte en un fugitivo. La historia sigue su huida a través de una Francia sombría, mientras intenta proteger un legado que la Iglesia y la Corona ansían poseer. En este punto, la obra introduce una capa de misticismo y fantasía oscura: el objeto que Xavier custodia no es solo oro o documentos, sino algo que conecta con fuerzas ancestrales y peligrosas, lo que eleva la apuesta del conflicto más allá de la simple supervivencia física.
Desde el punto de vista técnico y artístico, *Templario* es un ejercicio de maestría en el uso del blanco y negro. Víctor Santos, fuertemente influenciado por autores como Frank Miller o Hugo Pratt, utiliza un estilo de alto contraste (claroscuro) que define la atmósfera de la obra. Las sombras no son solo un recurso estético, sino un elemento narrativo que envuelve a los personajes, subrayando la ambigüedad moral de la época y el tono opresivo de la caza de brujas institucionalizada. El diseño de las páginas es dinámico, con un ritmo cinematográfico que alterna silencios prolongados con secuencias de acción coreografiadas con una precisión casi quirúrgica.
El guion evita las florituras retóricas para centrarse en la acción y en la construcción de un mundo donde la fe se ha corrompido por la avaricia política. Santos explora temas como la lealtad ciega, la traición y la desmitificación del caballero medieval. Xavier es un protagonista que se mueve en una escala de grises, enfrentado a antagonistas que, aunque actúan bajo el amparo de la ley y la religión, muestran una crueldad desprovista de cualquier rastro de espiritualidad. La obra también destaca por su capacidad para integrar elementos del folclore oscuro y la mitología esotérica sin que estos rompan la verosimilitud del entorno histórico.
En conclusión, *Templario* es una pieza fundamental para entender la evolución de Víctor Santos antes de su éxito internacional con obras como *Polar*. Es un cómic que respeta la iconografía del género pero la subvierte mediante una estética moderna y una narrativa cruda. No busca dar una lección de historia académica, sino utilizar el fin de los templarios como escenario para un relato de supervivencia, secretos antiguos y la lucha de un hombre contra un sistema que ha decidido borrarlo de la existencia. Es, en esencia, un *thriller* medieval con alma de serie negra que prescinde de lo accesorio para golpear al lector con la fuerza de su apartado visual y la contundencia de su premisa.