Teddy Bear

Publicada originalmente a principios de la década de los 90, "Teddy Bear" es la obra que consagró a Gess (Stéphane Girard) como una de las voces más personales e interesantes de la ciencia ficción en el cómic europeo. Enmarcada dentro de la corriente del *cyberpunk* francés, esta trilogía (compuesta por los álbumes *Teddy Bear*, *Djumbo* y *L'Agneau*) se aleja de los clichés más coloridos del género para sumergirse en una distopía industrial, sucia y profundamente existencialista.

La historia nos sitúa en un futuro indeterminado, en una Tierra que ha colapsado bajo el peso de la superpoblación, la degradación ecológica y el control corporativo absoluto. En este escenario de megalópolis asfixiantes y estructuras metálicas infinitas, conocemos al protagonista que da nombre a la obra: Teddy Bear. Lejos de la imagen tierna que sugiere su nombre, Teddy es un coloso, un hombre de dimensiones hercúleas y fuerza devastadora que trabaja como mercenario y "solucionador" de problemas para las altas esferas del poder. Su apodo es una ironía cruel que subraya su naturaleza de herramienta: un objeto diseñado para ser utilizado, aunque en su caso, para la violencia extrema.

El punto de partida narrativo nos presenta a un Teddy Bear que opera en los márgenes de la legalidad, moviéndose entre los niveles más bajos de la ciudad y los despachos de las corporaciones que dictan el destino de la humanidad. Sin embargo, lo que comienza como una serie de encargos rutinarios —recuperación de tecnología, eliminación de objetivos o protección de intereses privados— pronto se convierte en un viaje de autodescubrimiento y rebelión. Teddy no es solo un músculo a sueldo; es un individuo atrapado en una crisis de identidad, un ser que empieza a cuestionar la moralidad de sus actos y la legitimidad del sistema que lo creó y lo mantiene encadenado a la violencia.

El mundo que construye Gess es uno de los pilares fundamentales del cómic. No se trata de una distopía genérica; es un entorno que respira una atmósfera de "fin de siglo" cargada de pesimismo. La arquitectura es opresiva, los cielos están permanentemente oscurecidos por la polución y la tecnología no se presenta como una promesa de progreso, sino como una prótesis necesaria para sobrevivir en un entorno hostil. En este contexto, la figura de Teddy Bear destaca por su fisicidad. Gess utiliza el cuerpo del protagonista para narrar: sus cicatrices, su volumen y su mirada cansada hablan de un pasado de abusos y de una humanidad que lucha por no ser borrada por completo.

Visualmente, "Teddy Bear" es una lección de narrativa gráfica. El estilo de Gess en esta etapa es denso, con un uso magistral de las sombras y el claroscuro que acentúa la sensación de claustrofobia. Sus diseños de personajes huyen de la perfección estética para abrazar lo grotesco y lo hiperbólico, lo que otorga a la obra una identidad visual única dentro de la *bande dessinée* de la época. El autor logra que el lector sienta el peso del metal, el frío del hormigón y la suciedad de las calles a través de un trazo detallado y una puesta en escena cinematográfica.

Temáticamente, la obra explora la deshumanización en la era tecnológica. A través de los ojos de Teddy, observamos una sociedad donde la vida humana tiene un valor de mercado y donde la identidad es algo que se puede comprar, vender o borrar. La lucha del protagonista es, en última instancia, la lucha por recuperar su propia voluntad en un mundo que solo lo ve como un arma.

"Teddy Bear" es, en definitiva, un có

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