Hablar de Tarzán en el mundo del noveno arte es invocar a gigantes. Desde las composiciones pictóricas de Hal Foster hasta el dinamismo anatómico casi barroco de Burne Hogarth, el Rey de la Selva ha sido el lienzo sobre el cual se han definido las bases de la narrativa de aventuras. Sin embargo, para muchos estudiosos y puristas del personaje creado por Edgar Rice Burroughs, existe una etapa que brilla con una luz propia, caracterizada por la elegancia, la claridad y el respeto absoluto al material original: las Tiras Diarias de Russ Manning.
Publicadas originalmente entre finales de la década de los 60 y principios de los 70, estas tiras representan lo que muchos consideran la "versión definitiva" de Tarzán en el cómic. Russ Manning, un artista que ya había demostrado su maestría en *Magnus, Robot Fighter*, asumió el reto de devolver a Lord Greystoke a sus raíces literarias, alejándose de la imagen del salvaje monosilábico que el cine de la época había popularizado. En las manos de Manning, Tarzán vuelve a ser el hombre de dos mundos: un aristócrata culto y políglota que, por elección y herencia, domina la selva con una inteligencia superior y una fuerza física imponente.
La sinopsis de esta etapa nos sumerge en una África mítica y atemporal. A través de las tiras diarias, seguimos a Tarzán en una serie de odiseas que lo llevan mucho más allá de las copas de los árboles. Manning recupera con fervor los elementos de fantasía heroica que Burroughs sembró en sus novelas. El lector se encontrará explorando ciudades perdidas como la legendaria Opar, con sus sacrificios solares y sus tesoros olvidados; se adentrará en mundos prehistóricos ocultos donde los dinosaurios aún caminan sobre la tierra, y se enfrentará a civilizaciones secretas que desafían la lógica del hombre moderno.
Lo que hace que esta obra sea una pieza de colección imprescindible es el estilo visual de Manning. Su dibujo es la máxima expresión de la "línea clara" aplicada a la aventura épica. A diferencia de sus predecesores, que llenaban la viñeta de sombras densas y texturas complejas, Manning apuesta por una limpieza absoluta. Sus figuras poseen una anatomía perfecta, casi escultural, que se mueve con una fluidez cinematográfica a través de las viñetas. El diseño de producción de sus selvas y ciudades es meticuloso, logrando que entornos fantásticos se sientan tangibles y geográficamente coherentes.
Narrativamente, el formato de tira diaria (originalmente concebido para ser leído en fragmentos de tres o cuatro viñetas cada día en los periódicos) impone un ritmo magistral. Manning domina el arte del *cliffhanger*, logrando que cada entrega diaria mantenga la tensión, pero es en la lectura continuada de estas historias donde se aprecia su verdadera escala. Las tramas no son meras anécdotas de supervivencia; son arcos argumentales complejos que exploran temas como la ecología, el choque entre la civilización y la naturaleza, y el peso de la responsabilidad de un hombre que es, a la vez, rey de una especie y par de la nobleza británica.
En estas páginas, Tarzán no está solo. La presencia de Jane Porter es tratada con una dignidad y un protagonismo que a menudo se echaba en falta en otras adaptaciones. Aquí, Jane es una compañera valiente y capaz, reflejando la visión más moderna que Manning tenía de los personajes femeninos. Juntos, enfrentan desde cazadores furtivos y exploradores ambiciosos hasta amenazas sobrenaturales que ponen a prueba el temple del Hombre Mono.
En conclusión, 'Tarzan – Tiras Diarias de Russ Manning' no es solo un ejercicio de nostalgia; es una lección magistral de narrativa visual. Es la obra de un autor en la cima de sus facultades creativas rindiendo homenaje a un mito universal. Para el lector contemporáneo, estas tiras ofrecen una ventana a una era donde la aventura era pura, el dibujo era exquisito y la selva aún guardaba secretos en cada rincón inexplorado. Es, sin duda, el testamento definitivo de por qué Tarzán sigue siendo, más de un siglo después, el rey absoluto de la aventura.