Supreme: El Retorno no es solo una continuación de la etapa de Alan Moore al frente del personaje creado originalmente por Rob Liefeld; es la consolidación de una de las mayores cartas de amor jamás escritas al género de los superhéroes, específicamente a la Era de Plata de DC Comics. Tras haber redefinido al personaje en "The Story of the Year", Moore utiliza esta maxiserie para profundizar en la mitología de Supreme, explorando las fronteras entre la ficción y la realidad, y rindiendo un tributo técnico y emocional a la historia del noveno arte.
La premisa de El Retorno sitúa a Supreme, el "Hombre de Hierro" de este universo, plenamente integrado en su nueva realidad tras haber descubierto la existencia de la "Supremacía", ese limbo metafísico donde residen todas las versiones anteriores de sí mismo que han sido descartadas por los reinicios de continuidad. En esta etapa, Supreme intenta equilibrar su vida como Ethan Crane, un dibujante de cómics en la editorial Dazzle Comics, con sus responsabilidades como el protector de Omegápolis. La narrativa se aleja del cinismo oscuro que imperaba en los años 90 para abrazar una estructura de maravilla y asombro, donde lo imposible ocurre de manera cotidiana.
El núcleo argumental de esta obra gira en torno a la reaparición de Darius Dax, el archienemigo de Supreme. Moore subvierte el tropo del villano obsesivo al presentar a un Dax que, al igual que el protagonista, es consciente de las múltiples iteraciones de su propia existencia. La lucha entre ambos no es solo física, sino intelectual y conceptual, extendiéndose a través de dimensiones y planos de realidad que desafían la lógica convencional. Dax representa la ambición humana desmedida frente a la divinidad benevolente de Supreme, creando un contraste que permite al autor reflexionar sobre la naturaleza del bien y el mal en el cómic clásico.
Uno de los elementos más distintivos de El Retorno es su estructura narrativa fragmentada pero cohesiva. Cada número suele incluir "historias dentro de la historia", presentadas como cómics antiguos encontrados o recuerdos de épocas pasadas. Estas secuencias son fundamentales, ya que no solo expanden el trasfondo del universo de Supreme, sino que sirven para que Moore y su equipo artístico (encabezado por Chris Sprouse y Rick Veitch) emulen los estilos visuales y narrativos de las décadas de los 40, 50 y 60. El uso de diferentes tipos de papel simulado, tipografías de época y paletas de colores específicas permite al lector experimentar una cronología ficticia que se siente real y vivida.
En el ámbito de las relaciones personales, la obra profundiza en el vínculo entre Supreme y Diana Dane. Diana no es simplemente el interés romántico o la "damisela en apuros"; es una mujer inteligente y perspicaz que trabaja con Ethan Crane y que empieza a sospechar de la doble identidad de su colega. Esta subtrama aporta un anclaje humano necesario a una historia que, de otro modo, podría perderse en sus propios conceptos metafísicos. La interacción entre ambos sirve para humanizar a un ser que posee el poder de un dios, recordándonos que el corazón de Supreme sigue siendo el de un hombre que busca conexión.
Además, El Retorno expande el elenco de secundarios, incluyendo a la Liga de Honor, el grupo de héroes que acompaña a Supreme. A través de ellos, Moore explora diferentes arquetipos del género, desde el héroe patriótico hasta el aventurero cósmico, dotando a este universo de una riqueza y una profundidad que rivaliza con las grandes editoriales tradicionales. La obra funciona como un mecanismo de relojería donde cada pieza, por pequeña que sea, contribuye a una visión global sobre la importancia de la imaginación y la persistencia de los mitos.
En definitiva, Supreme: El Retorno es una obra esencial para entender la deconstrucción y posterior reconstrucción del superhéroe. Alan Moore demuestra que no es necesario destruir un icono para hacerlo interesante; al contrario, al abrazar su herencia y sus aspectos más fantásticos, logra elevar al personaje a una nueva categoría de sofisticación. Es un cómic que exige una lectura atenta, premiando al conocedor del medio con innumerables referencias, pero manteniendo siempre una narrativa central sólida, emocionante y, por encima de todo, profundamente respetuosa con la magia de las viñetas.