El cómic de Supersonic Man representa un hito singular en la historia de la narrativa gráfica española de finales de los años 70. Surgido como una expansión transmedia de la película homónima dirigida por Juan Piquer Simón en 1979, esta obra no se limitó a ser un mero producto promocional, sino que adquirió una identidad propia gracias al talento de los artistas involucrados y a la particular visión del género de superhéroes desde una perspectiva europea. Publicado principalmente por la mítica Editorial Valenciana, el cómic es una pieza de coleccionista que encapsula la estética y la ambición de una época en la que España intentaba producir su propio "blockbuster" de mallas y capas.
La premisa argumental nos sitúa ante una narrativa de ciencia ficción clásica con tintes mesiánicos. El protagonista es Kronos, un ser de una civilización superior proveniente del lejano planeta Galaxia. Su llegada a la Tierra no es accidental; es enviado por los Guardianes de su mundo con una misión de benevolencia y vigilancia. Ante la creciente inestabilidad del planeta Tierra y la amenaza de fuerzas tecnológicas oscuras, Kronos debe actuar como un protector silencioso. Para integrarse en la sociedad humana y operar sin levantar sospechas, adopta la identidad civil de Paul, un hombre aparentemente común que le permite observar de cerca las debilidades y virtudes de la humanidad.
El conflicto central del cómic gira en torno a la lucha eterna entre el bien absoluto y la ambición desmedida. El antagonista principal es el Dr. Gulik, un genio científico con delirios de grandeza que opera desde bases secretas dotadas de una tecnología que rivaliza con la de los visitantes estelares. Gulik no es solo un villano de fuerza bruta; representa el mal uso del intelecto y el progreso, sirviendo como el contrapunto perfecto para la nobleza de Kronos. Las tramas suelen involucrar planes de dominación global, secuestros de científicos prominentes y el uso de armas experimentales que ponen en jaque a las autoridades convencionales, obligando a la intervención del héroe.
Desde el punto de vista artístico, el cómic de Supersonic Man cuenta con un valor añadido excepcional: el dibujo de José Sanchis. Sanchis, una leyenda del cómic español conocido por obras como *Pumby*, aporta un estilo que se aleja del realismo anatómico exacerbado de los cómics estadounidenses de la Marvel o DC de la época. Su trazo es limpio, dinámico y posee una claridad narrativa envidiable. Aunque el tono de la historia busca la épica, el arte de Sanchis le otorga una calidez y una accesibilidad que lo hacen único. Las secuencias de vuelo y los enfrentamientos contra robots gigantes o maquinaria compleja están resueltos con una inventiva visual que aprovecha al máximo el formato de la página, utilizando composiciones de viñetas que guían al lector con fluidez.
El diseño del personaje es icónico dentro del imaginario pop español. Con su traje rojo y azul, coronado por un emblema distintivo y una máscara que evoca el misterio de los héroes de la Edad de Plata, Supersonic Man posee un abanico de poderes que incluyen la superfuerza, la capacidad de vuelo y una resistencia sobrehumana. Sin embargo, el cómic pone especial énfasis en su capacidad para manipular la estructura molecular o utilizar tecnología avanzada de su planeta de origen, lo que añade un componente de "maravilla tecnológica" a sus hazañas.
Narrativamente, el cómic sigue una estructura episódica donde cada entrega profundiza en la mitología de Galaxia y en la difícil dualidad de Paul/Kronos. A diferencia de otros héroes atormentados, Supersonic Man es un faro de optimismo y rectitud moral. La obra evita los giros excesivamente oscuros para centrarse en la aventura pura, el sentido de la maravilla y la resolución de conflictos mediante la combinación de poder físico e ingenio.
En resumen, el cómic de *Supersonic Man* es un testimonio fascinante de la "explotación" española de los superhéroes. Es una obra que, partiendo de una base cinematográfica, logra sostenerse por sí misma gracias a una narrativa directa, un villano