Suites venecianas

*Suites venecianas* es una de las obras más representativas del cómic histórico europeo contemporáneo, fruto de la colaboración entre dos figuras consolidadas del medio: el guionista Jean Dufaux y el dibujante Philippe Xavier. Publicada originalmente bajo el sello de la editorial francesa Dargaud, esta saga se sumerge en la atmósfera decadente, lujosa y peligrosa de la Venecia del siglo XVIII, un escenario que ha servido de telón de fondo para innumerables relatos de intriga, pero que aquí adquiere una dimensión casi tangible gracias al rigor narrativo y visual de sus autores.

La trama se sitúa en la Venecia de 1750, una ciudad que, aunque mantiene su esplendor exterior, se encuentra en un estado de descomposición moral y política. La historia sigue los pasos de Vincent, un joven que llega a la ciudad de los canales con un propósito aparentemente personal: encontrar a su padre, un hombre que desapareció años atrás dejando tras de sí un rastro de misterio. Sin embargo, lo que comienza como una búsqueda filial pronto se transforma en un descenso a los infiernos de la alta sociedad veneciana, donde las máscaras no solo se usan durante el Carnaval, sino que son una herramienta cotidiana de supervivencia y engaño.

El título de la obra, *Suites venecianas*, hace referencia a los lujosos apartamentos y estancias privadas donde se fraguan los destinos de la República. En estos espacios cerrados, lejos de la mirada del pueblo, se cruzan los intereses de la aristocracia, el clero y los servicios de inteligencia de la época. Vincent se ve atrapado en una red de conspiraciones que involucra al temible Consejo de los Diez, el órgano supremo de seguridad del Estado veneciano, y a la Inquisición. La narrativa de Dufaux destaca por su capacidad para entrelazar la pequeña historia del individuo con la gran historia de las instituciones, mostrando cómo el destino de un hombre puede ser un peón en un juego de ajedrez político mucho más vasto.

Uno de los pilares fundamentales de este cómic es el tratamiento de la dualidad. Venecia es presentada como una ciudad de contrastes: la luz cegadora de las plazas frente a la oscuridad de los callejones; la castidad pública frente al libertinaje privado; la justicia oficial frente a la venganza clandestina. Vincent, el protagonista, debe aprender rápidamente las reglas de este juego si quiere sobrevivir. En su camino se cruzará con personajes complejos, desde mujeres fatales que manejan los hilos del poder desde la alcoba, hasta espías y asesinos que operan bajo el amparo de la noche veneciana.

En el apartado gráfico, Philippe Xavier realiza un trabajo excepcional que eleva la obra por encima de la media del género histórico. Su dibujo es detallista y elegante, capturando con precisión la arquitectura barroca de la ciudad, la suntuosidad de los ropajes y la expresividad de los rostros ocultos tras las máscaras de porcelana. El uso del color es igualmente narrativo, empleando paletas que refuerzan la sensación de opulencia marchita y la atmósfera opresiva de los interiores. La puesta en escena de Xavier permite que la ciudad de Venecia sea un personaje más, con sus canales que parecen arterias por las que fluye tanto la riqueza como la corrupción.

Dufaux, experto en construir relatos de intriga con tintes eróticos y filosóficos, evita los clichés más manidos del género de "capa y espada". Aunque hay acción y duelos, el peso de la obra recae en los diálogos, las miradas y la tensión psicológica. La búsqueda de Vincent no es solo física, sino también una búsqueda de identidad en un mundo donde nadie es quien dice ser. El guion maneja con maestría el ritmo, dosificando la información para mantener el interés del lector sin recurrir a giros argumentales forzados, construyendo un clímax que se cuece a fuego lento a través de los diferentes álbumes que componen la serie.

En conclusión, *Suites venecianas* es un cómic imprescindible para los amantes de la ficción histórica y el suspense. Es una obra que exige una lectura atenta para captar todos los matices de su trama política y social. Sin caer en el exceso de florituras, Dufaux y Xavier logran retratar una época de transición donde el viejo mundo se resiste a morir, utilizando la ciudad de Venecia como el escenario perfecto para una danza de secretos, traiciones y ambiciones desmedidas. Es, en definitiva, un retrato crudo y fascinante de la condición humana bajo el disfraz de la elegancia dieciochesca.

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