Suburbio, la obra creada por el guionista Manuel M. Vidal y el dibujante Víctor Araque, se erige como una de las piezas más sólidas y atmosféricas de la ciencia ficción distópica dentro del panorama del cómic español contemporáneo. Publicada originalmente por la editorial Dibbuks, esta novela gráfica no solo propone un ejercicio de género impecable, sino que construye un universo propio que bebe de las fuentes clásicas del *cyberpunk* y el *noir* para devolver una imagen deformada, pero dolorosamente reconocible, de nuestra propia estructura social.
La narrativa nos traslada a una megalópolis asfixiante, una ciudad-estado donde la arquitectura es el reflejo exacto de la jerarquía humana. En este mundo, la verticalidad lo es todo. Mientras las élites habitan las zonas superiores, bañadas por una luz artificial que simula un bienestar eterno, el grueso de la población sobrevive en el Suburbio: una amalgama de niveles inferiores, callejones saturados de humedad, cables expuestos y estructuras metálicas en perpetua oxidación. Es un entorno donde el sol es un mito y la supervivencia es la única moneda de cambio válida.
La trama arranca con un incidente aparentemente fortuito que actúa como catalizador para desmoronar el precario equilibrio entre los estratos de la ciudad. A través de una estructura de *thriller* procedimental con tintes de intriga política, la historia nos sumerge en una red de conspiraciones que involucra a corporaciones tecnológicas, fuerzas de seguridad corruptas y los parias que habitan las sombras. Sin caer en el recurso fácil del héroe mesiánico, los autores optan por personajes con claroscuros, individuos movidos por la necesidad, el arrepentimiento o la simple inercia de un sistema que los ha canibalizado.
El guion de Manuel M. Vidal destaca por su capacidad para dosificar la información. No hay una exposición farragosa sobre el funcionamiento del mundo; el lector aprende las reglas del Suburbio a través de los diálogos cortantes y las acciones de sus protagonistas. La trama se siente como un mecanismo de relojería que avanza inexorablemente hacia un punto de no retorno, explorando temas como la deshumanización tecnológica, la brecha de clase extrema y la pérdida de la identidad individual en favor del control estatal.
En el apartado visual, el trabajo de Víctor Araque es, sencillamente, magistral. Su estilo, detallado y sucio a la vez, es el responsable de que el entorno se convierta en un personaje más. Araque logra transmitir la claustrofobia de los espacios cerrados y la inmensidad decadente de las infraestructuras urbanas. Hay una influencia clara de maestros europeos como Enki Bilal o Moebius, pero pasada por un tamiz más crudo y directo. El uso de las sombras y la composición de página refuerzan esa sensación de opresión constante; cada viñeta parece cargada con el peso del metal y el humo que define la vida en los niveles bajos.
Lo que diferencia a *Suburbio* de otras obras de temática similar es su honestidad. No busca adornar la distopía con neones brillantes o estéticas futuristas vacías. Aquí, el futuro es viejo, está roto y necesita reparaciones constantes que nunca llegan. Es una obra que utiliza la ciencia ficción como un bisturí para diseccionar la alienación urbana. La falta de "florituras" en su narrativa permite que el núcleo de la historia —la lucha por la dignidad en un entorno diseñado para anularla— resuene con fuerza en el lector.
En definitiva, *Suburbio* es un cómic imprescindible para entender la madurez del género en España. Es una lectura densa, inmersiva y visualmente apabullante que evita los lugares comunes para ofrecer una visión descarnada de lo que sucede cuando el progreso tecnológico olvida la ética social. Una obra que, lejos de ofrecer respuestas fáciles, obliga a mirar hacia los cimientos de nuestra propia civilización para preguntarnos qué estamos dispuestos a sacrificar a cambio de un lugar en la cima.