*Stumptown Volumen 2*, subtitulado originalmente como *The Case of the Baby in the Velvet Case*, es la consolidación de una de las propuestas más sólidas del género *hardboiled* y la ficción detectivesca dentro del cómic estadounidense contemporáneo. Escrita por el veterano Greg Rucka y dibujada por Matthew Southworth, esta obra continúa las andanzas de Dexedrine «Dex» Parios, una investigadora privada de Portland, Oregón, cuya vida personal es tan caótica como efectivos son sus métodos de investigación.
En esta segunda entrega, Rucka se aleja de los bajos fondos de los casinos y las reservas indígenas que marcaron el primer volumen para sumergirse de lleno en la vibrante y, a veces, peligrosa escena musical de Portland. La trama arranca cuando Mim, una antigua amiga de la infancia de Dex que ha alcanzado el éxito como estrella de rock, regresa a la ciudad. Mim no busca una reunión nostálgica, sino ayuda profesional: su posesión más preciada, una guitarra de incalculable valor sentimental y económico apodada «Baby», ha desaparecido tras un concierto. Lo que en principio parece un simple caso de robo de equipo musical pronto se revela como una red mucho más compleja de intereses cruzados, deudas del pasado y tensiones sociales.
El guion de Rucka destaca por su realismo procedimental. A diferencia de otros detectives de ficción que parecen tener recursos infinitos o habilidades sobrehumanas, Dex Parios es una protagonista profundamente humana. Es una jugadora compulsiva con deudas pendientes, conduce un coche que se cae a pedazos y su oficina es poco más que un rincón desordenado. Sin embargo, su mayor activo es su tenacidad y su conocimiento intrínseco de las calles de Portland. En este volumen, la ciudad deja de ser un simple escenario para convertirse en un personaje más; el título «Stumptown» (un apodo histórico de Portland) cobra sentido a medida que la narrativa recorre sus clubes nocturnos, sus callejones lluviosos y sus barrios en proceso de gentrificación.
Uno de los pilares emocionales de la obra es la relación de Dex con su hermano Ansel, un joven con síndrome de Down. Rucka maneja esta dinámica con una sensibilidad exquisita, evitando el sentimentalismo barato. Ansel no es una carga ni un accesorio argumental, sino el ancla moral de Dex y la razón por la que ella intenta, a pesar de sus fallos, mantener cierta integridad en un mundo cínico. En el Volumen 2, esta relación se pone a prueba cuando el caso de la guitarra comienza a atraer la atención de elementos peligrosos, incluyendo grupos de supremacistas blancos y figuras del crimen organizado local.
Visualmente, el trabajo de Matthew Southworth es fundamental para establecer la atmósfera de la serie. Su estilo es sucio, detallado y profundamente atmosférico. Utiliza una narrativa visual que prioriza la claridad de la acción y la expresividad de los rostros sobre el espectáculo gratuito. La paleta de colores, dominada por tonos grises, azules y ocres, captura a la perfección la humedad constante y la luz difusa del noroeste del Pacífico. Southworth logra que el lector sienta el frío de la lluvia y el humo de los bares, creando una experiencia inmersiva que complementa el tono seco y directo de los diálogos de Rucka.
El conflicto central de este volumen no solo trata sobre encontrar un objeto perdido, sino sobre la identidad y la lealtad. A medida que Dex profundiza en la desaparición de la guitarra, se ve obligada a confrontar su propio pasado y las decisiones que la llevaron a su situación actual. La trama está estructurada como un rompecabezas donde cada