Street Fighter Legends – Ibuki

Dentro del vasto ecosistema de adaptaciones transmedia de la franquicia de Capcom, la línea *Street Fighter Legends* de la editorial UDON Entertainment se ha consolidado como una pieza fundamental para profundizar en el trasfondo de personajes icónicos que, a menudo, quedan en un segundo plano en las tramas globales de Shadaloo o los torneos de Bison. En este contexto, 'Street Fighter Legends: Ibuki' se erige no solo como una expansión del lore, sino como una exploración de género que mezcla las artes marciales con el *slice-of-life* y la comedia de enredos adolescente.

Escrita por Jim Zub y magistralmente ilustrada por Omar Dogan, esta miniserie de cuatro números se aleja de la solemnidad de guerreros como Ryu o Akuma para centrarse en la dualidad vital de su protagonista. Ibuki, quien hizo su debut en *Street Fighter III*, es presentada aquí bajo una premisa que resuena con los tropos clásicos del manga *shonen* y *shojo*: la lucha por la identidad. La historia nos sumerge en la cotidianidad de una joven que ha sido entrenada desde su infancia en una aldea ninja oculta, destinada a convertirse en una de las armas más letales de su clan. Sin embargo, el mayor deseo de Ibuki no es perfeccionar el *Raida* o dominar el uso de los kunais, sino experimentar la vida de una estudiante de secundaria ordinaria en el Japón contemporáneo.

La narrativa se estructura en torno a este conflicto de intereses. Por un lado, Ibuki debe cumplir con las rigurosas y a menudo arcaicas exigencias de su entrenamiento ninja, supervisado por figuras de autoridad que ven el mundo exterior como una distracción o una amenaza. Por otro lado, la protagonista intenta desesperadamente encajar en el instituto, salir con sus amigos, preocuparse por los exámenes y, en definitiva, escapar de las sombras de su herencia. Esta tensión constante es el motor de la obra, generando situaciones donde el sigilo ninja se utiliza para llegar a tiempo a una cita o donde un enfrentamiento escolar termina escalando a un combate de artes marciales de alto nivel.

Uno de los puntos fuertes del cómic es la inclusión de otros personajes emblemáticos de la saga que enriquecen el entorno de Ibuki. La interacción con Makoto, la impetuosa practicante de karate, y Elena, la experta en capoeira con una visión optimista de la vida, proporciona una dinámica de grupo excepcional. Estas relaciones no son meros cameos para satisfacer al fan, sino que sirven para contrastar las diferentes filosofías de combate y estilos de vida que coexisten en el universo Street Fighter. Mientras Ibuki busca la normalidad, sus compañeras representan la aceptación de su disciplina y la búsqueda de la autosuperación, lo que obliga a la protagonista a replantearse su propio camino.

El guion de Jim Zub destaca por su agilidad y por un sentido del humor que nunca desentona con la acción. Zub logra que Ibuki sea un personaje tridimensional y empático; sus problemas, aunque enmarcados en un contexto fantástico de ninjas y clanes rivales, se sienten genuinos. El antagonismo en la obra viene de la mano del clan Geki, lo que añade la dosis necesaria de peligro y urgencia a la trama, asegurando que el componente de "lucha" que define a la franquicia esté siempre presente.

Visualmente, el trabajo de Omar Dogan es sobresaliente y define la identidad del cómic. Su estilo, fuertemente influenciado por la estética del anime y el manga, pero con la solidez del dibujo americano contemporáneo, es perfecto para capturar tanto la expresividad de las escenas cómicas como la fluidez de las coreografías de combate. Dogan tiene una capacidad innata para diseñar personajes que se sienten vivos, y su interpretación de Ibuki se ha convertido, para muchos seguidores, en la versión definitiva del personaje fuera de los videojuegos.

En conclusión, *Street Fighter Legends: Ibuki* es una lectura esencial para entender la complejidad del universo UDON. Es un cómic que entiende que Street Fighter no se trata solo de quién gana la pelea, sino de las motivaciones que llevan a cada luchador a ponerse en guardia. Sin necesidad de recurrir a grandes cataclismos mundiales, la obra logra una narrativa contenida, vibrante y profundamente humana sobre una joven que solo quiere decidir su propio destino, mientras esquiva shurikens y trata de no suspender sus clases. Es una pieza de coleccionista que equilibra perfectamente el respeto por el material original con una frescura narrativa envidiable.

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