*Stranger Kisses*, publicada originalmente por Avatar Press a principios de la década de los 2000, representa un punto de inflexión fundamental en la narrativa de lo que Warren Ellis denomina "magia de combate". Esta obra es la secuela directa de *Strange Kiss* y constituye el segundo capítulo de la trilogía inicial que define al personaje de William Gravel, antes de que este saltara a su propia serie regular. En esta entrega, Ellis se alía con el veterano dibujante Paul Gulacy para ofrecer un relato que hibrida el género negro, el horror corporal y el espionaje militar con una crudeza que solo una editorial independiente de aquel entonces podía permitir.
La historia nos sitúa en Bangkok, un escenario que Gulacy retrata con una suciedad palpable y una atmósfera opresiva. El protagonista, William Gravel, es un sargento mayor del SAS británico, pero con una especialidad que lo aleja de cualquier soldado convencional: es un mago de combate. Gravel no entiende la magia como una disciplina mística o espiritual, sino como una herramienta táctica, tan letal y pragmática como un fusil de asalto o un cuchillo de combate. Su ética es cuestionable y su paciencia es inexistente, lo que lo convierte en uno de los antihéroes más áridos y fascinantes del cómic moderno.
La trama de *Stranger Kisses* arranca cuando Gravel es contratado para investigar una serie de anomalías biológicas que están apareciendo en el submundo de la prostitución y el vicio de Bangkok. Lo que comienza como un encargo de reconocimiento pronto se transforma en un descenso a los abismos de la experimentación prohibida. El título de la obra hace referencia a estas "anomalías": personas que han sido sometidas a procesos de alteración física y mágica tan extremos que han dejado de ser humanos en el sentido estricto. Ellis utiliza este concepto para explorar el horror transhumanista, sugiriendo que la magia, en las manos equivocadas, es simplemente otra forma de tecnología punta utilizada para la explotación.
A diferencia de otras obras de fantasía urbana, aquí no hay maravilla ni asombro. La magia en *Stranger Kisses* es sucia, dolorosa y deja cicatrices. Gravel debe navegar por una red de intereses corporativos y criminales mientras intenta descubrir quién está detrás de la creación de estos "besos extraños". La narrativa avanza con un ritmo implacable, propio de un *thriller* de acción, pero se detiene lo suficiente en los detalles escabrosos para incomodar al lector.
El trabajo de Paul Gulacy es determinante para el éxito de la propuesta. Conocido por su estilo cinematográfico y su capacidad para coreografiar escenas de acción complejas, Gulacy aporta un realismo sucio que ancla las ideas más abstractas de Ellis. Su diseño de las criaturas y de las deformidades físicas es detallado y perturbador, logrando que el "body horror" sea una pieza central de la narrativa visual. La química entre el guion cínico de Ellis y el dibujo cortante de Gulacy crea una sensación de peligro constante; el lector siente que, en cualquier viñeta, la situación puede descontrolarse de forma sangrienta.
En términos de estructura, el cómic funciona como un procedimiento policial oscuro. Gravel utiliza sus habilidades —que incluyen la manipulación de la percepción y el uso de fetiches cargados de energía— no para salvar al mundo, sino para cumplir con su contrato y sobrevivir a las fuerzas que ha desencadenado. Es una obra que rechaza el sentimentalismo y se enfoca en la mecánica del poder y la depravación.
*Stranger Kisses* es, en definitiva, una pieza esencial para entender la evolución del ocultismo en el cómic contemporáneo. Se aleja de la sofisticación de *Sandman* o la melancolía de *Hellblazer* para abrazar una estética de "guerrilla mágica". Es un cómic directo, violento y profundamente cínico que expande el mito de William Gravel, consolidándolo como el operativo definitivo para un mundo donde los monstruos no se esconden en el armario, sino en los laboratorios clandestinos y en las zonas de guerra. Para el lector que busque una historia donde el género bélico se funde con lo sobrenatural sin concesiones, esta obra es un