*Strange Fruit* es una miniserie de cuatro números publicada por la editorial BOOM! Studios en 2015, fruto de la colaboración entre dos figuras prominentes de la industria del cómic estadounidense: el guionista Mark Waid y el dibujante J.G. Jones. La obra se sitúa en un terreno complejo, hibridando la ficción histórica con elementos del género de superhéroes y la ciencia ficción, todo ello bajo una lente de crítica social cruda y directa.
La historia se desarrolla en el año 1927, en la localidad ficticia de Chatterlee, Mississippi. El contexto histórico es fundamental para entender la tensión de la obra: el sur de los Estados Unidos se encuentra bajo el yugo de las leyes Jim Crow, la segregación racial es absoluta y el Ku Klux Klan ejerce un control terrorífico sobre la población negra. A este escenario de opresión social se suma un desastre natural inminente: la Gran Inundación del Mississippi de 1927, una de las catástrofes más devastadoras en la historia del país, que amenaza con romper los diques y borrar al pueblo del mapa.
En medio de este caos climático y social, un evento inexplicable altera el curso de los acontecimientos. Un objeto masivo cae del cielo, impactando cerca de Chatterlee. De los restos del impacto emerge un hombre negro de proporciones hercúleas, poseedor de una fuerza sobrehumana y una resistencia invulnerable. Este individuo, que no articula palabra y cuya procedencia es un misterio, se convierte inmediatamente en el epicentro de un conflicto multifacético.
La narrativa de Waid se estructura a través de las reacciones de los distintos estratos de la sociedad de Chatterlee ante la aparición de este "extraño". Por un lado, la población blanca dominante, personificada en figuras de autoridad corruptas y miembros del Klan, percibe al recién llegado no como un salvador, sino como una amenaza existencial a su estatus quo y a la jerarquía racial que defienden con violencia. Por otro lado, la comunidad negra, que vive bajo el terror constante y es forzada a trabajar en condiciones infrahumanas para reforzar los diques, ve en este gigante una figura mesiánica, aunque cargada de una ambigüedad que genera tanto esperanza como temor a represalias mayores.
El apartado visual de J.G. Jones es, sin duda, uno de los pilares fundamentales de *Strange Fruit*. Jones opta por un estilo pictórico, totalmente pintado, que otorga a la obra una textura realista y una gravedad casi histórica. Su capacidad para retratar la atmósfera opresiva del Mississippi —el calor húmedo, el barro, la oscuridad de los pantanos y la violencia latente en los rostros— eleva el guion de Waid. El diseño del protagonista es deliberadamente icónico; su desnudez y su físico imponente contrastan con la fragilidad de un entorno que está a punto de ser devorado por las aguas.
El título de la obra es una referencia directa al poema de Abel Meeropol, popularizado por la canción de Billie Holiday, que denuncia los linchamientos en el sur de Estados Unidos. Esta elección no es casual, ya que el cómic explora la iconografía del "superhombre" desde una perspectiva racial subversiva. Waid y Jones plantean una pregunta incómoda: ¿qué ocurriría si el arquetipo del salvador superpoderoso —tradicionalmente blanco y patriótico en el cómic estadounidense— apareciera en el momento y lugar de mayor injusticia racial de la historia de ese país, encarnado en un hombre negro?
*Strange Fruit* no es una historia de superhéroes convencional. Es un drama histórico con elementos fantásticos que utiliza la figura del alienígena o el metahumano para diseccionar las raíces del racismo sistémico, el odio y la resistencia. La obra evita los tropos fáciles del heroísmo desinteresado para centrarse en la crudeza de la supervivencia y en cómo el poder, cuando se manifiesta en manos de los oprimidos, es interpretado como una aberración por quienes ostentan el control. Es una lectura densa, visualmente