Star Wars: Tiempos Oscuros (originalmente *Star Wars: Dark Times*) es una de las series más crudas, sombrías y maduras que se han publicado bajo el sello de Dark Horse Comics dentro del antiguo Universo Expandido (ahora *Legends*). Situada cronológicamente de forma inmediata tras los eventos de *La Venganza de los Sith*, esta obra actúa como una secuela espiritual y directa de la aclamada serie *Star Wars: Republic*, recogiendo los fragmentos de una galaxia que ha sido destrozada por las Guerras Clon y el ascenso del Imperio Galáctico.
La premisa de la serie se aleja de las grandes batallas espaciales y los duelos heroicos para centrarse en la desesperación de la supervivencia. El título no es una exageración: la narrativa explora el vacío moral y el caos que sigue a la ejecución de la Orden 66. En este escenario, los protagonistas no son héroes destinados a salvar la galaxia, sino individuos rotos que intentan encontrar un propósito en un universo que, de la noche a la mañana, se ha vuelto hostil hacia todo lo que antes consideraban sagrado.
El eje central de la historia sigue a dos personajes principales con trayectorias paralelas pero entrelazadas. Por un lado, tenemos a Dass Jennir, un Maestro Jedi que ha sobrevivido a la purga pero que ha perdido su conexión con el mundo que conocía. Jennir representa la crisis de identidad del Jedi: ¿qué queda de un guardián de la paz cuando la paz ha sido impuesta mediante el miedo y los guardianes han sido declarados criminales? A lo largo de la serie, Jennir se ve obligado a comprometer sus principios éticos y a cruzar líneas morales que nunca imaginó, planteando al lector la pregunta de si es posible mantener la luz en una oscuridad absoluta.
Por otro lado, la serie presenta a Bomo Sphen, un guerrero de la raza Nosauriana cuyo planeta, New Plympto, ha sido subyugado por el nuevo orden imperial. La relación entre Jennir y Bomo es el corazón emocional del primer arco, "El camino a ninguna parte". Juntos, se unen a la tripulación de la nave *Uhumele*, un grupo de contrabandistas y marginados que operan en las sombras de la galaxia. Esta tripulación aporta una perspectiva civil y pragmática, mostrando cómo el ciudadano común —aquel que no es sensible a la Fuerza— debe navegar por la burocracia opresiva y la crueldad del Imperio para simplemente llegar al día siguiente.
Un elemento fundamental que define a *Tiempos Oscuros* es su apartado visual, liderado en gran parte por el artista Douglas Wheatley. Su estilo es hiperdetallado, realista y cargado de una atmósfera melancólica. Wheatley logra capturar la suciedad de los bajos fondos, el desgaste de la tecnología y, sobre todo, la expresividad del dolor en los rostros de los personajes. Cada viñeta refuerza la sensación de que el universo es ahora un lugar más frío y peligroso.
La serie también dedica espacio a la figura de Darth Vader. Sin embargo, no lo presenta como el villano invencible y consolidado de la trilogía original, sino como un aprendiz recién transformado que todavía está lidiando con su nueva armadura, sus heridas físicas y el peso de su traición. Vemos a un Vader que está aprendiendo a ser el ejecutor del Emperador, enfrentándose a los restos de la resistencia Jedi y consolidando el poder imperial con una brutalidad quirúrgica.
En resumen, *Star Wars: Tiempos Oscuros* es una exploración profunda sobre la pérdida, el trauma y la ambigüedad moral. No hay victorias fáciles ni finales felices garantizados. Es un cómic que se atreve a mostrar las consecuencias humanas y sociales del paso de una democracia a una dictadura, enfocándose en aquellos que quedaron atrapados en las grietas de la historia. Para cualquier lector que busque una visión menos idealizada y más visceral del universo de George Lucas, esta serie es una pieza esencial que define perfectamente el periodo más lúgubre de la cronología galáctica.