La adaptación al noveno arte de "Star Wars: Los Últimos Jedi", publicada por Marvel Comics, no es simplemente una traslación literal de los fotogramas de la película de Rian Johnson al papel. Bajo el guion de Gary Whitta (quien ya tiene experiencia en la franquicia tras su trabajo en *Rogue One*) y el arte de Michael Walsh, este cómic se erige como una pieza complementaria que expande la narrativa de la gran pantalla, ofreciendo matices y escenas que enriquecen la experiencia del espectador y lector.
La trama arranca inmediatamente después de los eventos de *El Despertar de la Fuerza*. La galaxia se encuentra en un estado de caos absoluto tras la destrucción del sistema Hosnian Prime. La Primera Orden, lejos de estar debilitada, ha lanzado una contraofensiva total para erradicar a la Resistencia de una vez por todas. El cómic captura con maestría la desesperación de la flota liderada por la General Leia Organa, que se ve obligada a evacuar su base principal mientras es perseguida por la imponente flota de la Primera Orden, encabezada por el Líder Supremo Snoke y un conflictivo Kylo Ren.
Paralelamente, la narrativa nos traslada al remoto planeta oceánico de Ahch-To. Aquí es donde el cómic brilla al explorar la psicología de sus protagonistas. Rey ha logrado localizar al legendario Maestro Jedi Luke Skywalker, pero no encuentra al héroe que esperaba. El guion de Whitta se toma el tiempo necesario para profundizar en el aislamiento de Luke y su desencanto con la Orden Jedi, utilizando el lenguaje visual del cómic para transmitir una melancolía que a veces es más palpable en las viñetas que en el celuloide. La interacción entre Rey y Luke es el núcleo emocional de la obra, mostrando el choque entre la esperanza inquebrantable de la joven y el cinismo protector del viejo maestro.
Uno de los mayores atractivos de esta versión en cómic es la inclusión de contenido adicional. Los lectores encontrarán escenas que fueron eliminadas del montaje cinematográfico o momentos expandidos que aportan claridad a las motivaciones de los personajes. Por ejemplo, se profundiza en el duelo de la Resistencia tras la pérdida de Han Solo y se ofrecen detalles adicionales sobre el entrenamiento de Rey y las lecciones de Luke sobre la naturaleza de la Fuerza. Estos añadidos justifican por sí solos la lectura, incluso para aquellos que conocen la película de memoria.
En el aspecto visual, Michael Walsh opta por un estilo que se aleja del fotorrealismo extremo que a veces lastra a otras adaptaciones de Star Wars. Su trazo es limpio, dinámico y se centra en la expresividad de los rostros y la fluidez de la acción. Esto permite que el cómic tenga una identidad propia. El color de Mike Spicer complementa perfectamente este enfoque, utilizando una paleta que diferencia claramente los ambientes: los tonos fríos y estériles de las naves de la Primera Orden contrastan con los verdes y azules vibrantes de Ahch-To y los rojos viscerales que dominan los momentos de mayor tensión y conflicto.
La subtrama de Finn y Rose Tico también recibe un tratamiento equilibrado. Su misión desesperada hacia la ciudad casino de Canto Bight se narra con un ritmo ágil, destacando la crítica social implícita en ese entorno de opulencia y guerra. El cómic logra que esta parte de la historia se sienta integrada orgánicamente en el gran tapiz de la huida de la Resistencia, manteniendo la tensión constante sobre el destino de la flota.
En conclusión, el cómic de *Star Wars: Los Últimos Jedi* es una obra de narrativa secuencial sólida que respeta el material original mientras se atreve a expandirlo. Es una exploración sobre el fracaso, el legado y la chispa de la esperanza en tiempos de oscuridad. Para el coleccionista y el fan, representa la oportunidad de revisitar uno de los capítulos más divisivos y fascinantes de la saga desde una perspectiva más íntima y detallada, permitiendo que el lector se detenga en los pensamientos de los personajes y en la majestuosidad visual de una galaxia muy, muy lejana.