Dentro del vasto canon de "Leyendas" de la franquicia galáctica, "Star Wars: La caza de Vader" (Vader's Quest) se erige como una de las piezas fundamentales para entender la transición del Lord Sith entre el Episodio IV y el Episodio V. Publicada originalmente por Dark Horse y escrita por Darko Macan con arte del legendario Dave Gibbons, esta miniserie de cuatro números alcanza en su segunda entrega un punto de tensión narrativa crucial que define la obsesión de Darth Vader por encontrar al piloto que destruyó la Estrella de la Muerte.
El segundo número de esta serie se sitúa en un momento de vulnerabilidad política para el Imperio. Tras la humillante derrota en la Batalla de Yavin, Vader no solo debe lidiar con el descontento del Emperador Palpatine, sino también con la burocracia imperial y los oficiales que ven su obsesión personal como una distracción de los deberes militares. Sin embargo, para Vader, la búsqueda no es una cuestión de estrategia, sino de identidad. En este número, la trama se aleja de las grandes batallas espaciales para centrarse en una cacería más íntima, sucia y desesperada, donde la información es la moneda de cambio más valiosa de la galaxia.
La premisa de este segundo capítulo profundiza en las consecuencias de la recompensa masiva que Vader ha puesto por el nombre del piloto rebelde. Esta decisión ha movilizado a cazarrecompensas, espías y oportunistas de todos los sistemas, creando un clima de paranoia tanto en las filas imperiales como en la Alianza Rebelde. El guion de Macan maneja con maestría el contraste entre la figura imponente y silenciosa de Vader y el caos que su sola voluntad genera en los mundos periféricos.
En el plano narrativo, el cómic sigue dos líneas paralelas que convergen en tensión. Por un lado, vemos a un Darth Vader implacable, interrogando a informantes y eliminando a aquellos que intentan engañarlo con pistas falsas. Por otro lado, la historia nos traslada al planeta Jazbina, donde el joven Luke Skywalker se encuentra en una misión diplomática que rápidamente se complica. La ironía dramática es el motor de este número: el lector sabe que Vader está cerrando el cerco, mientras que un Luke aún inexperto y algo ingenuo no es consciente de que se ha convertido en el objetivo principal del hombre más temido de la galaxia.
El arte de Dave Gibbons en este número merece una mención especial. Conocido por su trabajo en *Watchmen*, Gibbons aporta una claridad narrativa y un realismo que dota a la tecnología imperial de un peso tangible. Su representación de Vader es icónica; no necesita diálogos extensos para transmitir la furia contenida del Sith; basta con el ángulo de la máscara y la composición de las viñetas. El diseño de los nuevos entornos y de los personajes secundarios refuerza la sensación de una galaxia "usada" y peligrosa, alejándose de la estética limpia de las precuelas para abrazar el tono de la trilogía original.
"La caza de Vader #2" no es solo un cómic de transición; es un estudio sobre el miedo. Explora cómo el nombre de Skywalker comienza a resonar en las sombras antes de que el propio Vader descubra la verdad sobre su linaje. La tensión se construye